“La mínima oportunidad de ser feliz hay que aprovecharla. Siempre”

Entrevista a la periodista Marta Fernández

Fotos: Luis Saguar.
Fotos: Luis Saguar.

La periodista Marta Fernández, que actualmente presenta la primera edición de Noticias Cuatro, nos deja hechizados con su primera novela Te regalaré el mundo. Un engranaje de  personajes, de mundos reales e inciertos, de pasado y presente, y de ciencia y fantasía.
Su belleza no te deja indiferente, aunque ella diga que todo se lo debe a su padre, que es genética. Su fuerza y seguridad ante la cámara son incuestionables, por eso atrapa al espectador desde el primer momento. Y es que a ella le gustaba que le contaran historias de pequeña y por ese motivo cuando creció decidió que quería regalar palabras. Como una trovadora de la Edad Media nos relata la vida de ahora, la dura actualidad, pero siempre planteando preguntas para llegar al fondo de los temas. Pero esta vez ha querido ir más allá, ya no se conforma con ser la cronista de un tiempo actual, y ha decidido crear otros mundos, sus mundos, y con esta novela hemos tenido la suerte de conocerlos.

¿Desde pequeña quisiste contar historias? ¿Por qué?
Supongo que porque era feliz cuando me las contaban… cuando mis padres me leían o cuando mi abuelo contaba sus batallitas. Mi abuelo era un gran contador y a mí me fascinaba. Era gracioso y lo sabía y lo explotaba. Me llamaba la atención su relato, siempre igual en las palabras, en las formas, en las bromas, y que siempre nos hacía reír. Mi padre heredó su habilidad con las palabras. Si a esto le sumamos una madre lectora, la mezcla es verbalmente explosiva.

¿Qué diferencia hay entre contar una noticia ante una cámara como haces todas las mañanas o elaborar una novela?
La materia prima, los ladrillos, son los mismos. Pero lo que se construye en un caso y en otro es totalmente distinto. Y por supuesto la forma de hacerlo. En la noticia es la realidad la que manda, la verdad, hay que plegarse a lo que sucede y a lo que sabes de lo que sucede… No puedes inventar, especular, ni dar un paso más allá. En la novela la realidad la construyes tú. Tú moldeas la verdad. Defines los personajes. Decides las reglas del mundo en el que los vas a colocar. Tú pones los límites y dibujas el mapa en el que te quiere mover. Y sí, hay un compromiso, un compromiso con lo que quieres transmitir… pero la responsabilidad es distinta de la del periodista contando una noticia.

¿Por qué Te regalaré el mundo y por qué ahora?
Porque la novela se me apareció. Un día tuve una idea sobre una historia de autómatas, de pérdidas, de padres, de hijos. La anoté. Al día siguiente tuve una idea más. Al día siguiente me di cuenta de que quería contar una historia sobre los vacíos, sobre lo que heredamos de los nuestros y lo que no y, sobre todo, sobre la identidad. Sobre cómo nos construimos. La historia se me apareció en la cabeza. Como un puzle que se hubiera armado sólo por la noche. Estaba pidiendo ser escrita, así que lo hice.

Es impactante el texto: «no elegimos a nuestros padres, ni lo que nos gusta, ni aquello para lo que somos buenos. No elegimos de quién nos enamoramos… Ni a nuestros enemigos…».  ¿Realmente crees eso o es sólo ficción?
Nos creemos muy dueños de nuestras vidas. Muy seguros de quiénes somos y de quiénes queremos ser. Y tendemos a caer en la ilusión de que somos dueños y señores de nuestra forma de comportarnos. Pero lo más importante, aquello que de verdad nos define, se escapa a nuestra capacidad de elección: empezando porque no decidimos la familia en la que naceremos, ni las cosas que nos apasionarán. Algunas nos vienen dadas por la educación, por lo que vemos en casa, pero otras muchas –ciertos gustos, ciertas inclinaciones- son inexplicables. Como el amor. No podemos decidir de quién nos enamoramos, ni cuándo, ni especificar por qué.

¿Por qué quisiste construir esta novela de esta forma, mezclando ficción y realidad, pasado y presente, ciencia y fantasía? ¿Por qué esta construcción narrativa?
Porque la novela tenía que parecerse, en cierto modo, a lo que cuenta. Tenía que tener algo de artefacto, de engranaje, de dispositivo en el que las historias se conectan, se alimentan… algo de rueda dentada que mueve otra y lo pone todo en marcha. Y porque como lectora me gustan este tipo de novelas en el que se propone un juego. Me gusta la aventura de meterse en un juego de espejos y buscar los reflejos.

Has querido también que tus referentes literarias aparezcan en la novela… ¿Un homenaje a ellos?
Más que un deseo ha sido un impulso irrefrenable. Escribimos como somos… como leemos, como hablamos… Y yo soy así. En mi imaginario están siempre esos referentes literarios. Y vienen cuando menos uno lo espera con su frase, con su línea de guión, con su verso. Si a veces he colocado versos de Góngora en las entradillas del informativo, cómo no voy a permitirme el lujo de colar a Calderón en una novela.

¿Y cuáles son tus referentes en la vida, tus guías, tus veladores…?
Tengo muchos referentes literarios, esos mismos personajes de los que hablábamos que llaman a tu puerta con su sabiduría infinita. Esos que siempre te dan cobijo entre sus páginas. Pero más allá de eso tengo muchos referentes reales: en la profesión un puñado de compañeros honrados de verdad, limpios, honestos con su trabajo, unos cuantos Arnaus sin pelo blanco… Y en la vida, los míos, el clan, aquellos a los que quiero. Los de la familia de verdad y los de la familia elegida, como la que tiene Leo.

Tus personajes principales son un relojero y un periodista… ¿Por qué ellos y por qué estas profesiones?
El periodista es además un novelista. Era muy atractivo elegir a un colega porque me permitía decir algunas cosas que quería decir de esta profesión descerebrada a la que adoro. Me permitía mirar el ombligo del periodismo pero para descubrirle los defectos y subirle los colores. El periodismo está en crisis y lo sabemos, pero parece que no nos hemos dado cuenta de que la salvación está en nuestras manos, en las manos de quienes lo hacemos día a día… Somos nosotros quienes tenemos que hacerlo y el primer paso es el diagnóstico. Y el relojero era también evidente. Si esta era una historia de autómatas tenía que haber un creador que colocara los engranajes en su lugar.

Todos los temas que tocas en el libro: búsqueda de identidad, elección personal frente a la imposición social, reflexión sobre el papel de los medios… ¿son los temas que te preocupan?
Claro… Uno tiene que hablar de aquello que le preocupa, de lo que le alimenta la duda y la curiosidad. Soy de naturaleza curiosa… qué le voy a hacer.

Sientes que lo que tienes ahora es fruto del esfuerzo… O hay algo de suerte…
Es una mezcla perfecta de los dos factores. He tenido buena suerte en el trabajo. La he tenido hasta cuando creía que estaba teniendo mala suerte… sólo que de eso te das cuenta después. En varias ocasiones he sentido que estaba en el lugar exacto en el momento exacto y que eso me ha permitido acceder a trabajos estupendos. Pero después del golpe de suerte vienen los golpes de aguantar el tirón, de demostrarlo, de trabajar mucho, de volver a la casilla de salida a empezar de cero. Y eso lo he hecho muchas veces… Y de eso también he aprendido. Como he aprendido con el tiempo que a la suerte hay que tentarla. Y trabajársela, ya lo creo.

¿Es muy diferente y más agresivo trabajar en la tele?
No. Es como cualquier otro negocio. Como cualquier otro trabajo. Lo que sucede es que el nuestro tiene esta particularidad muy loca que supone ponerse delante de una cámara a contar la vida. Es estar de cara al público sin tenerlos cara a cara. Pero más allá de esta pequeña, llamémosla “distorsión” es como trabajar en unos grandes almacenes o en un ministerio o en una fábrica de coches. Tenemos nuestras mismas miserias y nuestras alegrías, nuestros “garcías” –como el director de periódico advenedizo de la novela- y nuestros buenos compañeros. Compramos con ilusión la lotería de navidad y a veces nos enfadamos cuando no cuadramos las vacaciones. Eso… como todo.

En la televisión es importante y, a la vez, una imposición, la imagen, la buena presencia… ¿El paso de los años es un inconveniente? ¿Lo notas en las oportunidades?
En un periodista el paso de los años, el paso de una carrera sin tropezones, el paso de los directos, de los platós, de las entrevistas refuerza eso tan etéreo y tan inexplicable que se llama credibilidad. Veo ahora las fotos del equipo fundacional de CNN+ y me sorprende que aquellos americanos que tanto saben de aplomo y de credibilidad dejaran en manos de una panda de pipiolos la pantalla de su televisión de información continua. Esa excesiva juventud sí que podía ser un inconveniente. Afortunadamente nos adiestraron muy bien para que nuestra inexperiencia no se viera en pantalla. El paso de los años tiene un efecto mágico que la cámara capta. Tendemos a confundir la buena presencia con la telegenia. La cámara te quiere o no te quiere. Eso es telegenia. Y no tiene nada que ver con la belleza. Tiene que ver con la credibilidad, con el aplomo, con la seguridad. Con todo eso que los años te van dando.

Llevas bastantes años frente a la actualidad… ¿es desolador o sientes que te ha tocado vivir un momento mediáticamente muy interesante?
Es un momento periodísticamente apasionante. Y estamos aquí para contarlo. Para hacer las preguntas adecuadas y buscar las buenas respuestas. Estamos aquí para colocar las interrogaciones donde toca y para ser los médium que hacen de puente entre la información y los ciudadanos.

Como vaticinas el futuro próximo desde el privilegio del conocimiento de la información, ante tanta corrupción, desesperanza de los ciudadanos y crisis económica…
Espero que podamos sacar de todo esto algo bueno: que nuestros políticos aprendan que no se puede ser corrupto sin impunidad, que sepan que no les elegimos para que se perpetúen, sino para que trabajen por nosotros, que sepan que están a nuestro servicio y no a su interés. Pero que los ciudadanos también saquemos algo en limpio: a dialogar, a reflexionar, a estar orgullosos de lo solidarios que fuimos cuando hizo falta y a no olvidarlo, a ser conscientes de lo importante es que la siguiente generación no se vaya, a cuidarles, a darles la formación necesaria, a construir ciudadanos. 

Te levantas muy temprano par trabajar, ¿cómo es tu día a día?
Me levanto a las seis. Trasteo con la información desde primera hora mientras me tomo mis dos cafés antes de ducharme. Voy en tren al trabajo leyendo la prensa en papel –lo sé, soy una romántica. Entro pronto porque media hora de información tiene mucho trabajo: hacer la escaleta –el guión- escribir las entradillas –los textos que decimos a cámara- que es una de las partes que más me gustan de mi día a día. Si luego me queda tiempo por la tarde escribo, leo o ejerzo de turista en Madrid, algo que me gusta mucho.

¿Cómo puedes o intentas cuidarte para tener este aspecto tan saludable?
Hago ejercicio. Cuando tengo más tiempo hago yoga. No bebo alcohol nada más que en momentos determinados y no fumo. Y cuido mi alimentación aunque reconozco mi devoción enfermiza por el café. Pero tengo la suerte de que la genética fue generosa conmigo. (Gracias, papá)

¿Eres de las que piensas que el estar bien por dentro soluciona el resto?
Por supuesto. Decía Cervantes aquello de que la salud se fragua en la cocina del estómago. Y tenía razón… Entre el estómago y el cerebro está el secreto de lo que se ve por fuera. Entre lo que nos alimenta el cuerpo y lo que nos alimenta la mente…

Y ahora con las fiestas, tantas salidas, comidas, dulces navideños… ¿Cómo lo haces? ¿Cómo te cuidas? ¿Renuncias a caprichos?
Tengo mucha suerte porque no me gusta el turrón. Ni los polvorones. Ni esas supuestas delicias navideñas. Y como la cena la hago yo, decido que se come.

Contar historias es terapéutico… ¿Te salva, y salva a los lectores?
Las historias –a los lectores- nos construyen, nos transforman, nos hacen felices, si toca nos salvan y si toca nos ponen en lugares delicados… para aprender. Son parte de la vida, una de las más hermosas.

¿Y para cuándo la próxima novela?
Oh. Ya me gustaría poder responder a eso. Ya ronda por mi cabeza…

Justamente saldrá esta entrevista en fechas navideñas, ¿qué pides este año para ti y para los tuyos?
Salud. Salud. Salud. Siempre.

¿Sigues creyendo en la Navidad o con la pérdida de la infancia todo se desvanece?
Detrás de las luces de la Navidad, de las sonrisas, la felicidad, siempre está esa cuota de amargura de los que hemos perdido a alguien, de los que extrañamos. Pero al mismo tiempo tiene ese efecto insuperable de volvernos un poco niños, esa ilusión de descubrir los regalos, de sorprender, de reencontrarse y querer jugar a ser felices. Y la mínima oportunidad de ser feliz hay que aprovecharla. Siempre.

Nos regalarías en estas fiestas una frase de tu novela a los lectores de Estar Vital para el año que empieza.
“Siempre he creído que los libros nos eligen, como nos eligen los amigos. Que se hacen visibles en las estanterías para que nos los llevemos en el momento adecuado”.

Acerca de Teresa Ortega 40 Articles
Teresa Ortega es colaboradora de la revista Estar Vital, editada también por el Grupo TPI, entrevistando los personajes de portada de la revista, que también replicamos en Vivesaludable.

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