“Con muy poco puedes hacer mucho por los demás”

Entrevista al aventurero y explorador Jesús Calleja

 Jesús Calleja.
Jesús Calleja. Fotos: Nines Minguéz

El aventurero y explorador Jesús Calleja nos demuestra, en su nuevo libro “Si no te gusta tu vida, ¡cámbiala!”, que conquistar los sueños está al alcance de todos. Y para ello pone como ejemplo su propia vida, su propia experiencia.

Es imposible no caer rendida a sus palabras, a sus aventuras, a sus sueños… Lo estás escuchando y solo deseas echarte la mochila al hombro y recorrer mundo, alojarte en las casas de los lugareños, escuchar sus historias, comer su comida, mirar con sus ojos y descubrir que la vida no acaba en tu frontera. El nos confirma que nunca es tarde para iniciar un viaje, una nueva travesía que te lleve a cumplir tus sueños, solo tienes que creer y querer.

¿Te ha marcado de dónde eres y la educación que tuviste?
Por supuesto, cuando tienes unos padres que saben dirigirte en la infancia, y aprendes las bases de lo que está bien y de lo que está mal, eso marca mucho. Pero dentro de ese cóctel, que puede ser confuso, siempre predominaba la libertad de cada uno para escoger  su camino, y nuestros padres, a mis hermanos y a mí, nos ayudaron a conseguirlo.  Jamás hubo una prohibición en casa, y pronto empecé a escalar montañas,  peligrosas, altas, a trabajar fuera de España y a hacer trabajos que no eran los habituales. Y no sólo no tuve oposición por parte de ellos, sino que tuve toda su ayuda.

¿Qué es importante transmitir a los hijos para que crezcan sin miedo y sean lo que quieren ser?
Lo más importante es que las cosas se digan sin broncas, que se expliquen, que haya comprensión, como hacían mis padres en mi infancia y de esa manera tú lo asimilas sin ningún problema. Yo te hablo de mi experiencia personal, no recuerdo a mi madre dándome voces, y cuando voy a Nepal es difícil ver a una madre gritándole a un niño, serán más pobres que nosotros, pero tienen una educación que a mí me fascina. Todos los niños saben lo que tienen que hacer, están educados de una manera intachable y se hace todo desde la mesura y jamás desde la agitación.

¿Ya de pequeño apuntabas maneras, escalando armarios…?
Sí la verdad que era bastante trasto, siempre estaba dando guerra y tenían que estar buscándome… Estaba todo el día en la naturaleza, en el campo; lo que me interesaba era subir montañas.

¿Abandonaste los estudios porque no te atraían?
Yo era muy inquieto, rebelde y tenía muchas ganas de conocer otras cosas. Me hice un calendario y me di cuenta de que me faltaba tiempo para ver el mundo, así que me dije: “tengo que empezar con 18 años o no llego”. Abandoné los estudios y esto supuso un gran disgusto para mis padres, porque se me daban bien. Y en los campamentos base, como tenía mucho tiempo libre, estudiaba, quería recuperar aquella ausencia de estudios. Me hice piloto de aviones y fui capaz de sacarlo solo, sin ningún profesor. Tenía ansia de seguir aprendiendo.

Cuándo tuviste claro que querías viajar y conocer mundo, ¿cuando iniciaste el camino, en qué momento?
Lo supe siempre, desde que tengo uso de razón si algo me atraía era viajar. Y desde pequeñito todos mis libros estaban relacionados con aventuras y viajes. Es algo que forma parte de mi ADN. Mi padre y mi madre eran muy viajeros y eso se contagia.

¿Por qué es importante viajar, te cambia la mirada y la percepción de la vida?
El viajar me lo ha enseñado todo, las culturas, la tolerancia entre las culturas, la información, es como si estuvieras dentro de un libro, aprendes geografía, matemáticas, física… Cuando viajamos por vacaciones intentas conocer en pocos días muchas cosas y eso está bien, pero no te vas a enterar de lo que ocurre realmente en el país, se aprende más un día entero viviendo en una casa de una persona del lugar, que un mes saltando de hotel en hotel. Hay que viajar con pausa y, sin ningún tipo de duda, es la mejor escuela de la vida.

 Jesús Calleja. Fotos: Nines Minguéz
Jesús Calleja. Fotos: Nines Minguéz

Has sufrido un duro golpe, la pérdida de un hermano, cómo afronta uno la muerte… ¿Crees en la reencarnación, que la vida es un aprendizaje permanente?
Hay que enfrentarte a ella de cara, no estar todo el día dándole vueltas. A los pocos días de la muerte de mi hermano me fui a hacer un largo viaje, quería olvidar e intentar comprender lo que es la muerte en otros lugares, porque me parece tan injusto que una persona joven con niños se vaya. Y hubo una frase de alguien, en el Tíbet, que me consoló. Alguien me explico que los cuerpos son como los coches, y el alma es la inteligencia que conduce ese coche. Y ese coche se va desgastando con el paso del tiempo, lo llevas al desaguace y se tira, y después tienes otro y otro… Ellos dicen que nosotros somos esa persona que conduce el coche, ese alma, y que los coches son los cuerpos que vamos cambiando hasta finalizar ese proceso de crecimiento y de comprensión. Y una vez terminado, ya no habrá que reencarnarse más, y supongo que iremos a algún lugar donde se viva de otra manera. Puede parecer muy absurdo o infantil, pero a mí me reconfortó bastante y, desde entonces, creo con certeza que nunca acabamos de morirnos, al menos ese es mi pensamiento porque yo me lo estoy pasando tan bien que no querría que se acabara.

¿Y a ellos, a tus padres, cómo les afecto?
Mi madre a raíz de la muerte de mi hermano tuvo una pequeña búsqueda del porqué ocurren las cosas, le dije que a mí me ha venido muy bien este viaje para entender lo de Julián. Entonces mi padre y ella se animaron a venir a Nepal y estuvieron dos meses. Yo me fui a escalar mis montañas y ellos se quedaron, dos personas de una cierta edad que no sabían ni pedir la comida, ni los entendían. Y cuando regresé tenían un montón de amigos, se entendían con las gentes con gestos y mi madre ayudaba en un centro de la Madre Teresa de Calcuta. Ella estaba feliz allí con su nuevo trabajo y con los críos.

De hecho tu madre siempre ha estado en todas tus aventuras incluso en la más importante de tu vida traerte a tu actual hijo Ganesh desde Nepal a España para que se curara…
Al principio fue difícil porque aparezco con un crío y le digo: “este niño hay que criarlo, porque no tiene casa, porque ha tenido una vida muy difícil y porque se muere de tuberculosis”. Yo voy muchísimo a Nepal a trabajar y siempre hay un caso de un niño lleno de mierda, que se va a morir y solemos apartar la mirada. Y eso me paso con Ganesh, pensé me tengo que llevar a este chaval que está enfermo, y decidí que me iba a involucrar con todas las consecuencias y con todo lo que ello supusiera para mi confortable vida y no hubo una vuelta atrás. Y esa decisión fue lo mejor que he hecho en mi vida. Y después fue una cadena de sucesos, me traje a su amigo, y a su hermana. Y es cierto que con muy poco puedes hacer mucho y que no podemos apartar la mirada cuando ves esta pobreza; hay un momento en la vida que algo tenemos que hacer y así fue.

Qué es lo que tiene la montaña que engancha, nos pones varios ejemplos en tu libro de amigos en los que dejas claro que es adictivo, incluso en ti… ¿Por qué?
No sé que tiene, pero solo te diré que acabo de venir de estar rodando varios programas, que llegas cansado y lo primero que he hecho es irme a la montaña. Intento ir a la playa y no puedo. Me ha dado tanto y disfruto tanto y, además, soy muy competitivo, me gusta competir contra mi mismo. Y vamos evolucionando, escalamos montañas en roca, en hielo, también hacemos las montañas más altas, las más verticales, y ahora hemos descubierto que se pueden subir montañas corriendo y que lo que antes hacíamos en ocho horas, ahora lo hacemos en dos. Y cuando llegas a la cima con los amigos, te sientas a contemplar la belleza, y es un placer. No existe nada que me pueda atraer más que subir una montaña, nada.

¿Cómo se combate el miedo a la muerte cuando se está en una situación límite, de peligro?
Yo suelo gestionar muy bien el riesgo, de nada sirve lo que hacemos si un día perdemos la vida, por eso extremamos al máximo las precauciones y gestionamos el peligro. A lo largo de mi vida nadie de mi equipo, ni yo, hemos tenido un percance serio, nunca, y eso significa que hacemos bien las cosas. Y esto ocurre porque tenemos miedo, no hay que confundir el miedo con ser un bravucón, si tengo miedo es que algo va a ocurrir, porque el miedo me hace llegar a la frontera que nunca he de pasar. Y él que no tiene miedo, normalmente no suele acabar bien, y lo sé porque he dejado a amigos en el camino. Y, también, es importante que el miedo no desemboque en pánico, porque el pánico también te mata, y cuando la cabeza se dispara ya no hay forma de controlarlo. Yo para no cometer un error y no entrar en estado de pánico me río siempre, y contagio a los demás, y así nos relajamos y surge una idea brillante para salir de esa situación.

¿Es importante amar lo que uno hace para que funcione?
No concibo hacer un trabajo, y nunca lo he hecho, sin pasión, y cuando no la siento me cambio. Pero aunque tengas que hacer cosas que no son las que a ti te apetecen o te gustan es importante llenarlas de pasión, porque si no te quedas en ese medio camino de la mediocridad, que tanto odio. Así que hagas lo que hagas, hazlo con pasión, porque si siempre te estás cabreando, te acabarás amargando. Por eso intenta buscar la virtud en aquello que te toca hacer.

¿Qué ingredientes se necesitan en este tipo de aventuras?
Es muy importante definir el objetivo, si las ideas no están muy claras el objetivo se tambalea, lo tienes que tener muy claro, yo quiero esta cima, y he venido a hacerla y además me he preparado muy bien para conseguirla y tengo mi plan, tengo una estrategia y un buen equipo. Así que los ingredientes son: definir bien el objetivo, preparación, una estrategia para poder alcanzarlo, un trabajo en equipo impecable y sobre todo determinación, absoluta determinación.

Después de Desafío extremo has comenzado a hacer Planeta Calleja, un programa con personajes conocidos como el presidente José Luis Rodríguez Zapatero y el actor Dani Rovira… ¿Qué crees que puede aportar al público ver a un famoso subiendo una montaña?
En la vida no puedes estar haciendo siempre lo mismo porque al final se convierte en rutina y en la televisión aún más, llevábamos ocho años haciendo Desafío extremo, miles de expediciones en todo el mundo, y yo personalmente también necesitaba oxigenarme y volverme a motivar. Y los famosos que tienen vidas totalmente opuestas a la mía, de repente les digo: “te voy a llevar a un sitio donde no te va a conocer nadie, donde te vas a tener que buscar la comida junto conmigo, pero te aseguro que vamos a poner la tienda en el mejor lugar del mundo, donde ningún hotel va a poder construir y que vas a tener una experiencia vital que jamás imaginarias, te voy a sacar de tu mundo y te voy a llevar a mi mundo”. Y yo creo que es muy bonito porque en ese viaje, en esa travesía que van a hacer conmigo, consigues hacer una entrevista más personal donde  te van a contar cosas que jamás contarían en un plató.

¿Podíamos decir entonces que cumplir los sueños es una forma de felicidad?, ¿cómo has encontrado la tuya?
Para ser feliz se necesitan muchísimas cosas, se necesita un equilibrio en el trabajo, con tus amigos, la familia… todo va sumando, pero también es cierto que la persecución de un sueño es lo que más me ha gratificado en la vida y sigo haciéndolo. Todo lo que hago nace de un plan, el hecho de visualizar ese plan, de proyectarlo, de verlo, de trabajar en él, y al final concluirlo, es una de las mayores felicidades que uno puede tener.

Acerca de Teresa Ortega 40 Articles
Teresa Ortega es colaboradora de la revista Estar Vital, editada también por el Grupo TPI, entrevistando los personajes de portada de la revista, que también replicamos en Vivesaludable.

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