La mayor parte de los trastornos mentales aparecen durante la infancia y la adolescencia

Congreso Internacional de la ESCAP

Congreso Nacional del Psiquiatria Oviedo 2011. Fotografia Rafa Gutiérrez.
Congreso Nacional del Psiquiatria Oviedo 2011.
Fotografia Rafa Gutiérrez.

Celso Arango, jefe de Psiquiatría Infantil del Adolescente del Hospital Gregorio Marañón, abrió la tercera jornada del Congreso Internacional de la ESCAP que se celebra en Madrid. El profesor Arango se mostró muy satisfecho por la aprobación en España, después de muchos años de reivindicación por los especialistas en salud mental, de la especialidad de psiquiatría niño-adolescente, lo que permitirá mejorar indudablemente la formación de los especialistas que atienden niños, jóvenes con este tipo de trastornos. Abogó por una psiquiatría dinámica, que analice al paciente no en el momento presente, sino intentando conocer sus antecedentes, los factores de riego y factores protectores a los que pudo estar expuesto, incluso antes de nacer, ya que

“la suma de todo esto llega a un producto que es lo que estamos viendo nosotros en la consulta. Si no atendemos a lo que ha pasado antes, las soluciones que vamos a dar son erróneas o por lo menos incompletas”.

En psiquiatría, tradicionalmente la prevención se activa cuando ya se ha instaurado el trastorno, sin embargo, Celso Arango propone un ambicioso enfoque hacia la prevención primaria y secundaria.

“Tenemos que ser mucho más ambiciosos y hacer cosas que son factibles. Si miro a mis propios compañeros del hospital de cardiología y oncología, veo que han desarrollado una serie de estrategias para la prevención de los trastornos médicos en las poblaciones que ellos atienden. La gente conoce, por ejemplo cuáles son los factores de riesgo que pueden provocar un ataque al corazón o de contraer cáncer de pulmón…. ¿Por qué no podemos hacer lo mismo en psiquiatría? Sabemos –añade- que la prevención en psiquiatría es posible, es coste-eficiente, por qué no tenemos esas mismas campañas de prevención en salud mental”.

Su respuesta apunta a que probablemente tenga que ver con el hecho de que

“no hemos sido capaces, los especialistas, de decir que eso es posible y porque los beneficios de esas intervenciones son a un tiempo que es demasiado a largo plazo como para que la persona que tome la decisión de que se implementen o no esas campañas de prevención, le resulte rentable desde el punto de vista político.”

Concluye el Dr. Arango que no hay futuro en psiquiatría si no se presta atención a la prevención y a la promoción de la salud. Prevención que debe aplicarse incluso durante el embarazo, en casos donde existan antecedentes familiares de trastornos mentales graves. Que haya unos buenos cuidados en el momento del embarazo es fundamental para que se desarrolle o no un trastorno. Si hablamos de trastornos psicóticos, de esquizofrenia; que la madre esté estresada, que tenga una infección, que tenga una serie de factores inmunológicos (inflamación), todo ello aumenta el riesgo de psicosis. Todos esos factores que aparecen en el embarazo son muy importantes. Hemos avanzado muy poco y las personas que  tienen una enfermedad psicótica tardan mucho en llegar al sistema de salud que les trata.

“El tiempo que el paciente está psicótico hasta que recibe tratamiento, marca el futuro pronóstico de esa patología. Cuantos menos meses este yo psicótico, menor toxicidad cerebral tendré y menos me expondré, menos delirio tendré, con lo cual el tiempo de psicosis sin tratamiento es muy importante de cara a marcar el pronóstico. Por eso tenemos que poner en marcha medidas informativas a partir del pronóstico de atención primaria, las familias que tienen que detectar la enfermedad y traerlos cuanto antes a la consulta.”

Por su parte, la doctora Beate Herpetz-Dahlmann, profesora del Departamento de Psiquiatría infantil y adolescente de la Universidad alemana de Aquisgrán, centró su intervención en los trastornos alimentarios en niños y adolescentes, cuyas tasas de incidencia siguen aumentando en los últimos años, con diagnósticos en edades cada vez más tempranas.

“Aunque no conocemos el origen exacto de las causas de esta incidencia en niños cada vez de menor edad, lo que sí sabemos es que hay una asociación con una pubertad temprana. En los países europeos la pubertad llega cada vez más pronto a los niños y niñas, que son plenamente conscientes de lo que es la obesidad, los cánones de belleza, el comer sano, perder peso… Hay cada vez más discriminación entre compañeros en los países occidentales, por lo tanto se está convirtiendo en un problema para ciertos niños más vulnerables”.

Promulga la necesidad de la detección temprana de estos trastornos alimentarios, cuyo origen se encuentra en la combinación de factores genéticos y culturales.

“No obstante, -continúa- cuando únicamente se dan factores genéticos, no pasa gran cosa. Por ejemplo, en África, pueden darse factores genéticos en un niño, pero nunca empezará una dieta, por una razón ligada a una percepción estética; de ahí que este trastorno no se desarrolle. Sin embargo cuando se mezclan los ideales físicos y la vulnerabilidad genética, es cuando el niño  corre el riesgo de estar enfermo”.

En relación con los tratamientos de los trastornos alimentarios, afirma que

“actualmente no hay farmacoterapia que ayude verdaderamente. El único tratamiento que tenemos es la psicoterapia y la terapia familiar. La herramienta más eficaz es la terapia individual. No obstante, lo más importante es que el paciente gane peso. Si el paciente acude a una buena ayuda de psicoterapia pero no gana peso, el proceso no sirve de nada”.

Por último, Sally Rogers, doctora en la UC Davis MIND Institute, que lidera investigaciones pioneras en el campo del autismo infantil, destacó la importancia de dar la correcta atención a los padres que acuden a la consulta del médico preocupados ante lo que pueden ser los primeros síntomas y comportamientos extraños en los niños, incluso menores de un año, en su socialización y capacidad de respuesta.

“Esos padres deben dejar de escuchar a aquellos que les dicen que se preocupan sin necesidad, ante lo que ellos consideran como algo extraño en el desarrollo de su hijo, deben acudir a la consulta con su bebé para detectar esos riesgos. No se trata de diagnosticar, sino de identificar esos riesgos, analizar esas dificultades que tiene el bebé y que han alarmado a los padres”.

Concluye que si la preocupación de los padres es real, con síntomas de autismo, hay que hacerles un seguimiento, acompañarles, darles las pautas, las herramientas y habilidades para que puedan conocer mejor la conducta de su bebé, seguir el desarrollo de su faceta comunicativa, técnicas que ayuden a los padres a ver pequeños avances de comportamiento. Es importante que los padres sientan que interactúan con su bebé y con el paso del tiempo, los padres dejan de pensar en términos de intervención terapéutica, y piensan más en su manera de criar y ayudar a su bebé, tal como reflejan los resultados de los modelos presentados durante su conferencia, basados en tratamientos e intervención durante 2 años. Las mejorías se han notado en los bebés que siguen este Denver Model, en un aumento de sus habilidades con el lenguaje, tasas de aprendizaje, habilidades sociales, decrecimiento de los síntomas de autismo. Si se miden estos cambios, se aprecia una mejor comunicación, un mayor interés e interacción con otras personas.

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