Los beneficios de la ducha

duchaEl agua, como herramienta terapéutica, nos acoge como en un seno materno, brindando tranquilidad y reflexión personal. De forma casi inconsciente, cada mañana o antes de acostarnos, todos los días aplicamos lahidroterapiaa nuestra rutina, beneficiándonos de todas sus propiedades a través de una sencilla ducha con agua caliente o la aplicación de chorros de contraste. El agua limpia purifica la piel, mientras que su calor elimina la tensión nerviosa del cuerpo, convirtiendo el momento del baño en un auténtico ritual para quienes sufren estrés.
Durante nuestra vida nos duchamos una media de 27.275 veces. Sin embargo, nuestro intenso nivel de vida no nos permite pensar el efecto que produce en nosotros. Por esta razón, el Grupo Bosch quiere contribuir a esta sensación de bienestar e introduce dos nuevas gamas de producto de imprescindible uso en la vivienda: lostermos eléctricos Tronic y calentadores de agua a gas Therm, cuya composición y tecnología optimizan los resultados de la acción del agua.

Hidroterapia, un hábito silencioso altamente efectivo
La hidroterapia, derivada de las palabras griegas Hydor (agua) y Therapeia (curación), es la aplicación externa del agua como vehículo de calor o frío, siendo desde la antigüedad griega uno de los tratamientos más naturales, cómodos, económicos y eficaces. Las crónicas citan cómo Hipócrates (460-375 a.C) empleaba los baños de contraste para tratarse y luego su esplendor durante la civilización romana.
Según innumerables estudios, la influencia de lahidroterapia y termoterapia(terapia producida por el calor) en los sistemas estructurales y orgánicos del cuerpo humano genera equilibrio y un bienestar inmediato, ya que mitiga el dolor e incluso activa una sustancia llamada noradrenalina, que ayuda a combatir la depresión.
Y es que son múltiples los beneficios que obtenemos de una buena ducha, gracias a un triple efecto. Por un lado, la acción mecánica según la cual el agua aplicada en movimiento y con presión produce relajación muscular. Por otro, el efecto térmico de calor y frío. Y en tercer lugar, el efecto químico al añadir sustancias medicinales al agua que penetran en nuestro organismo.
La piel recibe todos estos estímulos derivados del uso del agua, y éstos, a través de impulsos nerviosos dentro de nuestro cuerpo, proporcionan efectos beneficiosos en prácticamente todo el organismo. Por un lado, estimula el sistema inmunológico y aumenta la circulación, muy recomendable para quienes sufren enfermedades vasculares. Por otro, mejora la digestión y el metabolismo, altamente beneficioso en casos de obesidad; además de influir positivamente en otros aparatos como el locomotor, el nervioso, el respiratorio y el urogenital. También, disminuye la sensación de dolor en general, reeduca los mecanismos reguladores térmicos y restablece funciones motoras disminuidas o atrofiadas.
Concretamente, una ducha de agua caliente dilata los vasos sanguíneos y relaja los músculos. También alivia los dolores reumáticos y actúa como sedante para nuestro organismo, ideal para liberar la tensión acumulada y facilitar el sueño después de un intenso día de trabajo o en casos de estrés o sobreexcitación. Además, si aplicamos un masaje con fuertes chorros sobre zonas doloridas, relajaremos las tensiones e incluso potenciará los resultados durante la práctica de ejercicios de estiramientos y de recuperación en lesiones.
El efecto de agua fría, por otro lado, contrae los vasos sanguíneos y estimula la circulación, siendo altamente eficaz para eliminar el cansancio físico y psíquico, pero también contra la retención de líquidos y sus antiestéticos efectos. Asimismo, el frío estimula la producción de glóbulos blancos, reforzando el sistema inmunitario.
Así, teniendo en cuenta que, las alteraciones articulares constituyen el 50% del total de todas las enfermedades crónicas, sobre todo en población de edad avanzada, el uso de la hidroterapia en la búsqueda de la salud y el bienestar se convierte en un hábito imprescindible en el día a día.
Para garantizar óptimos resultados ha de tenerse en cuenta que los efectos curativos del agua sobre nuestro organismo pueden variar según la diferencia de temperatura entre el medio estimulante (agua) y el sector orgánico estimulado (piel), intensidad y duración de este estímulo, frecuencia de repetición y, también, la sensibilidad individual y topográfica.
Por ello, es recomendable cumplir con ciertos requisitos a la hora de disfrutar de una reconfortante ducha diaria. Por ejemplo, no excederse más de 10 minutos debajo del agua, 5 minutos son más que suficientes para sentirse renovado, ya que además de optimizar sus propiedades, el consumo de agua supondrá menor impacto económico, energético y medioambiental. También, es importante comenzar con agua caliente para relajar los músculos (29-40 ºC), pasando por una temperatura más templada (24 -29 ºC) que consiga reavivarnos, para terminar con chorros de agua fría, perfectos para activar la circulación, cargar bien las pilas y mantener el cuerpo fresco durante las 5 horas siguientes.

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