Cultura olfativa desde la infancia

Artículo elaborado por el perfumista Ramón Monegal

El olor y el sentido del olfato en la infancia es algo más relevante de lo que solemos pensar. De aquí que valga la pena hacer una reflexión sobre este tema.
Un recién nacido oye de inmediato la voz de su madre, la madre es consciente de ello y por eso sabe que es necesario hablarle durante el período de gestación. También la reconoce por su olor, y de esto la madre ya no es tan consciente, porque en realidad ella no  percibe la necesidad de identificarse con un olor. La vista, el oído y el tacto son sentidos más comprensibles.
Pero resulta que el recién nacido ya acaba de empezar a crear su memoria olfativa (su disco duro del olor) incluyéndole un olor que le crea un vinculo emotivo y que esta sensación le quedara bien grabada. Desde este momento entendemos que “solo” nos quedamos con los olores que crean emociones ya sean buenas menos buenas o malas, mientras que los olores sin alma pasan y desaparecen.
Este preámbulo es necesario para entender los vínculos que se pueden producir en adelante con el descubrimiento y memorización de nuevos olores tanto de elementos olfativos o gustativos (papillas, frutas, dulces…) como en olores “creados” como pueden ser las colonias infantiles.
Vínculos que para ser memorables deben ser emotivos. En nuestra especial cultura (legado por ocho siglos de dominación Árabe) nos perfuman desde que nacemos y utilizamos olores fundamentalmente de frutas cítricas, de flores y hojas de naranjo y un punto dulce de canela y vainilla.
¡Hasta aquí normal!, pero cuando lo traduzco según mi lenguaje de perfumista me doy cuenta que a un recién nacido lo envuelvo de luminosidad con azahar y “petitgrain” (hojas de naranjo) de inocencia con mandarina, pureza con limón, dulzura con canela, ternura con vainilla o delicadeza con muguet (lirios de los valles)
¿Es el olor que transmite valores infantiles o son los valores infantiles los que crean el lenguaje? Yo creo que el niño/a  cuando va creciendo utiliza su curiosidad infinita e inocencia innata unida a un sentido del olfato superior al del adulto para adoptar este código no escrito. La madre o padre queda también satisfecha porque además de haber dado un toque de “toilette” al niño  le ha dado una seña de identidad propia.
En adelante se trata de seguir el orden natural, sofisticando la transmisión de valores y de identidades propias de cada sexo.
Es genial comprobar la coherencia que existe en la evolución de los olores con la transmisión de valores y la evolución de bebés a niños hasta adolescentes: así una niña se envuelve de olores de flores (que deben ser polinizadas por los insectos atraídos por su olor) que ponen en valor su condición femenina a la que se añaden olores frutales que transmiten vitalidad y desenfado con una pizca de maderas que dan el equilibrio interior y la fuerza necesaria para ser algo más que madres en el futuro.
Para acompañar la natural evolución del niño y hacer valer su condición masculina, lo hacemos con olores que transmiten energía con frutas, ciertas especies que dan fuerza y vigor acentuados con maderas como el cedro y enraizándolos en la tierra para darle estabilidad con raíces como las del vetiver.
Así a través de acordes originales que despierten curiosidad conseguiremos por un lado darles identidad propia y por otro vincularlos con valores que les son propios siguiendo además las pautas que nos ha enseñado la naturaleza.
Creo que no hay que despreciar nuestra cultura olfativa que es posiblemente la más rica del mundo, entre otras cosas porque entramos en contacto con ella antes que cualquier otra cultura de los llamados países civilizados.
Finalmente decir que aunque esta reflexión hecha en cuatro líneas parezca compleja, en realidad es bastante simple si aceptamos que puede haber un código o lenguaje del perfume extraído fundamentalmente de las experiencias que nos brinda la naturaleza.

Redacción
Acerca de Redacción 7436 Articles
Equipo de redacción de Vive Saludable.