Vela, a favor del viento

El viento del éxito deportivo va a su favor desde las inolvidables Olimpiadas de Barcelona 92 cuando, con tan solo diecinueve años y sin ser la favorita, la regatista Natalia Via Dufresne logró una medalla de plata que “no imaginaba”.



Varios años de esfuerzo y de competiciones por mares y océanos han sido necesarios para que esta guapa marinera saltase de nuevo a la fama internacional, al lograr la codiciada medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atenas. Apasionada por el mar y la vela, ríe cuando se le pregunta que se siente al subir al podium y con alegría responde que “es una sensación extraña” porque “normalmente no tenemos público durante las regatas”, aunque sin vergüenza, reconoce que “fantaseas tanto antes de ganar que cuando lo consigues no eres consciente hasta que pasa algún tiempo”.

Dedicación plena
Nacida en Barcelona hace treinta y dos años, Dufresne cuenta a Wapa como dejó el trabajo que compatibilizaba con la vela hace una década, al comprender que “era mejor hacer una cosa bien que no dos mal”. En su opinión, además, la vela es un deporte “muy completo” en el que se practica ejercicio físico disfrutando del mar y rodeado de “gente muy sana y simpática”. En este sentido, la deportista catalana, que habitualmente entrena cuatro horas diarias en el mar y otras dos en el gimnasio, anima a todo el mundo a que lo pruebe y a que “no lo vean tan inaccesible” porque aprender y convertirse en una buena marinera no es algo innato, sino que es “cuestión de constancia”.

A la hora de competir, Dufresne afirma que la regata se convierte en un juego de ajedrez, en el que el viento es un aliado fiel y aprovecharlo es la mejor táctica para vencer al contrincante.
Además, el hecho de navegar sin motor y tener como único recurso el viento para ir de un lugar a otro “hace que te las tengas que ingeniar tu sola para moverte donde quieras”, por lo que hay que aprender a desenvolverse en el mar sin más ayuda que la meteorología y uno mismo. El deporte de la vela, del que en España hay unas 45.000 personas federadas, de las cuales casi trece mil son mujeres, para esta medallista olímpica, tiene además la ventaja de que se viaja constantemente para participar en las diferentes regatas, lo que le permite conocer lugares y gente nueva.

El factor riesgo
El riesgo es otro factor presente en este deporte náutico, aunque para Dufresne es algo que jamás le hará abandonar su profesión porque, según dice, el mar “es el medio en el que mejor me desenvuelvo” y con los años “me enfrento a las situaciones peligrosas con más prudencia”. Como todos los regatistas, recuerda una tormenta inolvidable en su vida, hace unos años en un lago, pero entre risas asegura que despúes de asustarse pensando que podía caerle un rayo al barco -construido en aluminio-, comprendió que si empeoraba la situación se lanzaría al agua y así pasaría el peligro.
En cualquier caso, sus temores se centran más en el barco y en “que no se rompa o dañe el material” que en ella, porque después de tantos años navegando afirma, sin dudar, que se desenvuelve como pez en el agua.



Presencia de la mujer en la vela
En cuanto al papel que ocupa la mujer en la vela, según la joven marinera, cada vez su presencia es mayor en las competiciones nacionales e internacionales. En su opinión, en condiciones de viento medio y flojo las mujeres pueden ganar perfectamente a un hombre, ya que en estos casos es cuestión no tanto de constitución física sino de técnica. Por este motivo, uno de los retos de la regatista olímpica es entrenarse durante algún tiempo en una embarcación de crucero, que son de mayor tamaño que el barco con el que hasta ahora ha competido, para en un futuro, formar una tripulación de mujeres o bien mixta. Según Dufresne, la clase 470, que es la embarcación con la que ha regateado en las olimpiadas, requiere un entrenamiento muy duro y una dedicación total. Así, explica con emoción como durante los últimos años no han sido pocas las renuncias y sacrificios que ha tenido que hacer en su vida privada para alcanzar el podium, hasta que llegó un punto en el que su afición por el mar “se convirtió en un duro trabajo”.

Cómo cuidarse en el mar
Son muchas las horas que una deportista de vela tiene que pasar en el mar, soportando los rayos del sol, el viento, la lluvia y el agua al salpicar. A Natalia Via Dufresne no le importa donde navegar ni que mar surcar, pero confiesa que es con buen tiempo, “sin mojarse, ni pasar frío y con una brisa que refresque” como se siente más a gusto en el agua.
Sean cuales sean las condiciones climáticas, la medallista olímpica explica que antes de entrenar se aplica siempre protección total en la cara para protegerse de los rayos del sol. También para protegerse del viento y del agua salada del mar utiliza traje, guantes y calzado de neopreno y si es necesario se pone una chaqueta impermeable. Por otra parte, los regatistas en principio, tienen que tener un peso corporal determinado, en función de la clase y tamaño de embarcación que tripulen. La regatista catalana explica que para mantener su peso sigue una dieta sana pero “sin ser estricta”, basada en la tradicional dieta mediterránea. Además, antes de las competiciones confiesa que intenta evitar los fritos, desayunar cereales y comer alimentos ricos en proteínas e hidratos, como por ejemplo la pasta.

Presente y futuro
Natalia Via Dufresne, quien en julio y agosto participa en una regata en Almería, en la Copa del Rey en Palma de Mallorca y en San Francisco en el campeonato de mundo, afirma que tras la victoria en las pasadas olimpiadas se encuentra “más tranquila”. Reconoce que es la época profesional que estaba buscando, ya que los últimos meses antes de la cita olímpica “fueron muy duros”, y que ahora esta dando cierta prioridad a su vida privada, una concesión que no había hecho jamás. “Mi meta ha sido siempre la vela” dice, porque “una vez que estás participando en una regata te metes en ese ambiente y te aislas” y como “además te lo pasas bien” compensa al hecho de renunciar a otras cosas. Con todo esto, no duda en decir que en estos meses está disfrutando como nunca de su amor por el mar y por la vela y que el año que viene espera que lleguen nuevos retos y premios para su carrera profesional. Entre los “miles de sueños” que a la medallista olímpica le gustaría hacer realidad en el futuro, confiesa que le encantaría poder cruzar el Atlántico en una embarcación de crucero o hacer la vuelta a las Islas Baleares navegando por Ibiza, Palma de Mallorca y Menorca. Dufresne asegura ilusionada que su intención es dedicarse siempre a este deporte náutico, si no es tripulando un barco en las competiciones, “será como monitora o entrenadora”, pero lo que no hay duda y eso lo sabe ella mejor que nadie es que su sitio está en el mar.

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