La dermatitis atópica no es cosa de niños

Picores, comezón, rojeces, sequedad… la piel puede mejorar con los cuidados adecuados.

La dermatitis atópica es una enfermedad de la piel, el tipo más común de eccema, que se caracteriza por ser un proceso inflamatorio de la dermis con un intenso prurito y piel seca. Aunque es una enfermedad crónica, aparece por brotes, provocando una fuerte comezón que incita a rascarse la piel. Lejos de calmar la comezón, el rascado provocará su enrojecimiento, hinchazón, grietas, costras y escamas. Pasado el brote la dermatitis parecerá haber desaparecido, si bien estará latente hasta el próximo brote.
A muchos padres les sonará todo esto, ya que la dermatitis es mucho más frecuente en los niños, afectando al 20% de la población pediátrica de los países desarrollados, según la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV). De hecho, el 50% de los casos se diagnostica durante el primer año de vida y en España la prevalencia se sitúa entre el 6% y el 15%, según datos de la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP). Pero no hay que fiarse, la dermatitis atópica puede darse a cualquier persona, siendo más probable en personas que viven en grandes urbes y climas secos, si bien “se trata de una patología con una gran predisposición genética, modulada por factores climáticos y que acarrea alteraciones inmunológicas”, según la coordinadora del Grupo de Trabajo de Dermatitis Atópica y Alergia Cutánea de la SEICAP. No obstante, no se sabe cuál es la causa, pero no es contagiosa, y le afecta especialmente el entorno y, sobre todo, el estrés.

¿Cómo se puede tratar?
Como es una enfermedad que aparece por brotes es importante cuidar la piel de forma rutinaria, con una buena hidratación e higiene adecuada. Para ello utilizaremos cremas y tónicos altamente hidratantes y productos de baño sin jabón, normalmente específicos para la dermatitis atópica. La aplicación mediante masajes de la piel, en el caso de la hidratación, favorece la misma al tiempo que ayuda a combatir el estrés, que no olvidemos afecta negativamente a la evolución de la enfermedad.
Estos cuidados no sólo ayudarán a prevenir la aparición de los síntomas, sino a aliviarlos cuando aparece un brote.

Respecto a la higiene, lo recomendable es:

  • Baños de agua tibia para limpiar y humectar la piel sin secarla.
  • Usar barra de jabón suave o limpiador sin jabón.
  • Secarse al aire después del baño o secarse suavemente.
  • Usar humectante para sellar la humedad después del baño. Usar cremas y pomadas, y evitar lociones con altas concentraciones de agua o alcohol.
  • Proteger la piel de la ropa áspera, como la lana o las fibras sintéticas.

Por otra parte, debemos evitar el estrés, sobre todo en el caso de los adultos, mediante técnicas de relajación y para reducir la cantidad de brotes. También hay que evitar rascarse o frotarse, ya que esto irrita la piel, aumenta la hinchazón y genera más comezón. Esto es especialmente importante en el caso de los niños, que tienden a desesperarse y rascarse sin mesura, procurando también mantenerles con las uñas cortas para que se rasquen menos.
A la hora de escoger los productos a utilizar, es importante tener presente las propiedades hidratantes y protectoras de la piel de los mismos para conseguir los resultados deseados y lograr el equilibrio de la dermis, por lo que conviene consultar a nuestro farmacéutico la elección más adecuada en cada caso.


Factores que afectan a la dermatitis atópica

  • Resfriados, gripe y aire seco del invierno.
  • Contacto con materiales irritantes, químicos o tejidos ásperos.
  • Piel reseca, así como duchas frecuentes o la piscina.
  • Cambios bruscos de temperatura, incluso corporales.
  • Estrés emocional.
  • Los perfumes, alcohol o tintes de los jabones y otros productos para la piel.
Acerca de Adriana de la Torre 10 Articles
Colaboradora de la revista Estar Vital, revista editada también por el Grupo TPI, y Vivesaludable.

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