Cuida tu nariz, hidrátala

Polución, polen, humo… son muchos los agentes externos que dañan nuestras fosas nasales, por lo que es fundamental su cuidado.

La contaminación es algo que afecta a todos los seres vivos, y cada vez vivimos en ambientes con mayores niveles de contaminación, especialmente en las grandes urbes de cualquier provincia. Industrias, tráfico, las emisiones de las propias viviendas… junto con otros elementos como el polen de las plantas o el polvo resulta un cóctel explosivo para nuestra salud. Toda esta polución puede producir daños en las vías respiratorias, generando enfermedades como el asma o la EPOC, además de alergias o infecciones.
La nariz es precisamente uno de nuestros órganos que antes se ve afectado por los agentes contaminantes, dificultando sus funciones y transmitiendo esos agentes al sistema respiratorio con las posibles consecuencias negativas que pudiera tener. Para aliviar este problema conviene mantener una correcta higiene nasal.

La nariz
Habitualmente no cuidamos nuestra nariz, no le dedicamos el tiempo y el mimo que requiere su cuidado, más que en un sentido estético. Pero curiosamente la parte funcional, que es la más importante de este órgano, la descuidamos por completo, permitiendo las agresiones externas. Agresiones que pueden ser involuntarias, como es el caso de la polución o el polvo, como voluntarias, fundamentalmente las producidas por el tabaquismo. No obstante, su cuidado es esencial, al igual que hacemos con otros órganos del cuerpo.
La nariz, más allá de su sentido estético para el conjunto del rostro, juega un papel muy importante en el sistema respiratorio. Primero porque es la vía de entrada del aire, actuando como filtro gracias a los pelillos de su interior que recogen las partículas de suciedad. Además, tiene muchos vasos sanguíneos en su superficie que sirven para calentar ese aire que fluye hacia el interior, humedeciéndolo y permitiendo que llegue hasta los pulmones. Pero una nariz que sufre por la contaminación y el exceso de suciedad no sólo puede dañarse, sino dejar de cumplir correctamente su función al estar deshidratada, por ejemplo.
Otra importante función es la olfativa, que puede verse disminuida por la presencia de agentes externos o daños que estos puedan causar, como irritaciones o infecciones. Téngase en cuenta que la nariz conecta con el cerebro para enviarle los impulsos captados por el olfato, ya que estos son fundamentales en la acción del recuerdo.
Por todo ello, el cuidado de nuestra nariz es tan importante como el de otros órganos y debemos protegerla durante toda nuestra vida. De lo contrario, podemos perjudicar la captación de olores y sabores, entre los problemas más leves. Las complicaciones más graves las tendríamos con las infecciones de las vías respiratorias, así como otras dolencias que se pueden localizar directamente en la nariz.

Cuidados diarios
Una correcta higiene nasal es la mejor manera de cuidar nuestra nariz. Esta higiene debe ser diaria mediante lavados con la ayuda de productos hidratantes específicos, con componentes que faciliten la regeneración del epitelio nasal agredido. Además, la hidratación favorece el flujo respiratorio, y combate esos agentes contaminantes que provocan sequedad nasal.
Consulta con tu farmacéutico cuál es el producto más adecuado en tu caso.

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