La tomografía es la mejor prueba diagnóstica para detectar y estudiar los aneurismas viscerales

Aunque los aneurismas de las arterias viscerales son muy infrecuentes –afectan a entre una y dos de cada 1.000 personas-, pueden llegar a ser letales, advierte el doctor Andrés Salazar, del Servicio de Angiología y Cirugía Vascular del Hospital Quirónsalud San José, quien destaca que en su mayoría son de la arteria esplénica (bazo) y de la arteria hepática (hígado), seguidos por los de la arteria mesentérica superior (intestino delgado) y el tronco celíaco.

“Antes de los años 80, casi siempre eran diagnosticados una vez rotos, por lo que hasta un 9% de los pacientes fallecían. Desde entonces, la masificación de las pruebas de imagen no invasivas, como la tomografía (TC), la resonancia y la ecografía abdominal, ha permitido que sean detectados antes de que se compliquen”, comenta el especialista. De hecho, la mejor prueba diagnóstica para la detección y estudio de los aneurismas viscerales es la TC. “La ecografía es menos sensible y la arteriografía permite valorar la colateralidad, cosa que es particularmente útil en aquellos casos en los que sea necesario ligar/ocluir la arteria”.

Casi siempre son asintomáticos, pero cuando los síntomas se manifiestan lo hacen como dolor abdominal o lumbar inespecífico, con tendencia a localización según el órgano que esté afectado. Cuando se rompen, se presentan como un dolor abdominal o lumbar intenso asociado a shock hipovolémico.
La anamnesis revelará antecedentes que justifiquen la aparición de pseudoaneurismas como los procedimientos biliares o endovasculares, enfermedades que condicionen el debilitamiento de la pared arterial (Marfán, Ehlers-Danlos, displasia fibromuscular, etc.)  o condiciones que favorezcan el desarrollo de aneurismas (hipertensión portal, embarazo, etc.).

Doctor Andrés Salazar, del Servicio de Angiología y Cirugía Vascular del Hospital Quirónsalud San José.

¿Cuáles hay que tratar?
Según comenta el doctor Salazar, que pertenece al servicio que dirige el doctor Luis Riera del Moral, el cirujano vascular deberá actuar ante los siguientes casos:

  • Todos los pseudoaneurismas (aquellos secundarios a procedimientos quirúrgicos o biliares, pancreatitis, etc.).
  • Todos los que presenten síntomas o estén rotos.
  • De los asintomáticos:
    • Los esplácnicos mayores de 2 cm.
    • Los renales mayores de 1,5 cm.
    • Los que crezcan más de 0,5 cm/año.
    • En embarazadas o mujeres en edad reproductiva.

¿Qué tratamientos requieren?
“El objetivo principal es la exclusión del aneurisma manteniendo, si es posible, la irrigación distal. Es posible emplear una gran variedad de técnicas abiertas o endovasculares, aunque actualmente existe una tendencia al aumento de esta última opción. La elección dependerá de la forma de presentación, la localización de la lesión, la causa y las características del paciente”, abunda el doctor Salazar, quien puntualiza: “Tradicionalmente el tratamiento preferido en el contexto de rotura ha sido el abierto, debido a una mortalidad y una morbilidad mayores observadas en los pacientes tratados de forma endovascular; sin embargo, en el paciente de alto riesgo quirúrgico, y particularmente en condiciones de estabilidad hemodinámica, este abordaje parece tener cada vez mayor validez”.
Al margen de las técnicas de tratamiento más favorables, “lo que con diferencia ha demostrado ser lo más importante para procurar buenos resultados es acudir de forma precoz a un cirujano vascular al ser diagnosticado de esta enfermedad”, concluye el miembro del Servicio de Angiología y Cirugía Vascular del Hospital Quirónsalud San José.

 

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