“Nos alimentamos muy mal. Abusamos de los procesados en vez de diseñar dietas que vuelvan al origen”

Entrevistamos a la periodista y escritora Sonsoles Ónega

Fotografía: Raquel Molina.

La escritora y periodista Sonsoles Ónega acaba de publicar “Después del amor”, Premio Fernando Lara 2017, una novela magistral, que está basada en hechos reales, y que nos descubre a una protagonista valiente que luchó contra el convencionalismo que atrapa a las mujeres.

Creció entre palabras, política y literatura. Heredó la intuición, la curiosidad, y la capacidad de descubrir historias para contarlas. Conjuga a la perfección la crónica parlamentaria y las novelas. Y cuida meticulosamente la alimentación de su familia desde que G empezó su lucha contra el azúcar. Su vocación combativa y guerrera le lleva a la denuncia en su blog donde alza la voz ante los abusos. Y, por supuesto, reivindica el lugar que tenemos que jugar las mujeres en esta sociedad, ser más libres, más poderosas y más independientes.

Cuatro novelas, y ahora después de su carrera literaria un Premio, ¿esperado, deseado, cómo se sientes?
Muy honrada por la decisión del jurado y expectante ante mí misma.

¿Periodista o escritora, o prefiere no elegir?
Todo periodista lleva un escritor dentro. Y la prueba es que son muchos los compañeros que se acercan a la literatura. Ambos oficios conjugan el mismo verbo: escribir. Y el mismo ingrediente: la palabra.

Vocación o herencia esto del periodismo o el oficio de escribir. (Estará cansada de escuchar de tal palo, tal astilla).
Una vocación heredada. No sabría hacer otra cosa. Supongo que me ha influido que en casa no se hablara de otra cosa que de periodismo, de política y también de literatura.

Porque siempre las mujeres o la lucha de las mujeres subyacen en sus novelas, ¿Una asignatura pendiente, nuestra o de ellos?
Es una preocupación en toda regla. A mí me preocupa. No fui consciente de mi condición de mujer hasta que fui madre y me descubrí a mí misma asumiendo tareas que me correspondían porque sí, por ser la madre. El vértigo fue tal que llegué a plantearme si podría con todo o si las largas jornadas en el Congreso serían compatibles con la crianza y educación de mis hijos. No les pasa a los hombres o no, al menos, a todos los hombres. Esa constatación despertó mi interés por perfiles de mujeres que han conseguido hacerlo o que se han rebelado ante las injusticias de su momento, de su sociedad, de su familia…

Después del amor es una novela redonda, magistral, ¿siente que ha madurado con esta novela, que ha crecido como escritora?
¡Me sonrojan sus calificativos! Sin duda habrá un antes y un después de esta novela. Cada libro ha sido único, pero este me ha empapado, me ha arrollado, me ha superado en muchos momentos… Me ha colocado en el precipicio de mis capacidades. De él he aprendido y me ha obligado a madurar. Sin duda también me ha hecho crecer.

Es una historia, basada en hechos reales, que se desarrolla en los años 30, donde una mujer va creciendo como persona y empieza a ser a raíz de vivir una historia de amor con Federico Escofet… ¿Hemos cambiado las mujeres en este tiempo, estamos menos presas de los convencionalismos sociales, del qué dirán?
¿Hemos cambiado en estos 80 años? La respuesta es clara: sí, sin duda. Hemos conquistado los derechos y las libertades que mi abuela, aún viva para contarlo, no tuvo. Ahora bien, hay mucha tarea pendiente. Hay muchas inercias de la sociedad que tenemos que cambiar. Y las cambiares nosotras. En alianza con los hombres, pero nosotras.

¿Cómo llego esta historia hasta usted y por qué tuvo la necesidad de contarla?
Fueron las hijas de Carmen, la protagonista, las que querían recomponer la historia de su madre. Eran solo unas niñas cuando su madre su vio obligada a tomar la decisión más difícil de su vida y la que marcarían la de ellas. Esta historia vino a mí, no la busqué.

Sé que está especialmente concienciada con la alimentación, ¿por qué y cuándo surge esta preocupación?
Surge a raíz del diagnóstico de diabetes tipo 1 de mi hijo pequeño de cuatro años. Fue un mazazo porque no tenemos antecedentes familiares, de tal forma que no sabíamos nada de la enfermedad.

Que maravilloso su blog sobre la vida de G, ¿se ha convertido en un altavoz de denuncia y de ayuda a muchas familias?
Voy poco a poco. Si a alguien le ayuda, ¡maravilloso! A mí me ha ayudado mucha gente durante el camino. ¡Qué menos que poder compartir lo que aprendes o lo que descubres! El blog tiene además una vocación guerrera, de denuncia, de alzar la voz ante lo abusos. Hoy en día podemos hacerlo gracias al universo de Internet.

¿Cómo cambió la vida de toda la familia y la madurez en afrontar este problema?
De forma radical. La despensa es hoy un espacio libre de azúcares refinados, harinas refinadas, cereales azucarados… Ni yo misma me lo creo porque me he alimentado muy mal durante demasiado tiempo. Ahora tratamos de hacer un 80-20. 80% de disciplina en la dieta y un 20% de cierta relajación. Mis niños… ¡son niños! Y viven en un entorno que, por desgracia, es dulce. Así que no puedo evitar que, de vez en cuanto y como algo extraordinario, tomen un helado o una galleta.

Fotografía: Raquel Molina.

¿Qué ha descubierto al indagar en la enfermedad de su hijo?
Que sabemos poco, muy poco, de lo que nos llevamos a la boca. Y cambiar esa realidad requiere esfuerzo y tiempo que no siempre tenemos. Yo no me habría puesto manos a la obra si mi hijo no fuera diabético y tuviera que pincharse insulina hasta para mordisquear una manzana. De eso se aprovecha la industria alimentaria, ese gigante sin rostro que nos promete comodidad, fechas de caducidad imposibles y un largo etcétera de bondades (que no lo son tanto).

Después de todo lo que ha investigado… ¿Nos alimentamos mal? ¿En qué fallamos?
Muy mal, diría yo. Abusamos de los procesados en vez de diseñar dietas que vuelvan al origen. En nuestra casa tratamos de que la dieta pivote sobre alimentos completos: fruta, verdura, carne y pescado. Más pescado que carne.

¿Cómo ha conseguido que su familia y usted se alimente mejor?
A la fuerza. No nos quedó más remedio. Toda la familia decidió implicarse al máximo y ser parte del equipo. Al poco tiempo descubrimos que nos encontramos mejor.

También le parece importante practicar deporte, ¿qué practica?
Intento salir a caminar una hora dos o tres veces en semana. No siempre lo consigo por mis horarios, pero intento no venirme abajo y pensar que un solo día es insuficiente. ¡Todo suma! Aunque tenga media horita, lo hago. Es mejor que no hacer nada.

En su último libro Nosotras que lo quisimos todo se sentía estafada con la emancipación de la mujer, ¿sigue pensando igual, en vez de liberarnos hemos asumido más responsabilidades?
Enfadada, no. Todo lo contrario. Creo que aún tenemos que ser más libres, más poderosas y más independientes. En todo caso estaba enfadada con las inercias de la sociedad que tienden a perjudicar más a las madres que a los padres. Es lo que llamé “el timo del siglo XXI” después de escuchar a muchas amigas eso de: chicas, nos han timado.

¿Cómo intenta educar a su familia para conseguir una vida más igualitaria, más educativa?
Vivo entre tres varones. Así que… ¡imagínate! Trato de enfatizar los logros de las mujeres. Intento poner en valor lo que hacen sus compañeras de clase, que siempre ganan los concursos de cálculo, por cierto, y les implico en las tareas domésticas de la casa.

Cree que los medios de comunicación deberían hacer una labor más educativa con este tema, con la igualdad, con la alimentación…
Lo que creo es que necesitamos más expertas hablando de temas, más referentes para las niñas que serán mujeres dentro de diez años. Necesitamos referentes femeninos, potentes, atractivos. No puede ser que después de Vaiana, la heroína de Disney, no haya nada. Y eso lo pueden hacer los medios de comunicación renovando agendas. Pero le diré algo: las mujeres tenemos que estar dispuestas a aparecer en los medios. A veces nos puede ese extraño pudor que nos hace dudar de nosotras mismas.

Acerca de Teresa Ortega 27 Articles
Teresa Ortega es colaboradora de la revista Estar Vital, editada también por el Grupo TPI, entrevistando los personajes de portada de la revista, que también replicamos en Vivesaludable.

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