Consejos para enfrentar de una forma saludable las tentaciones culinarias de un buffet libre

El verano llega poco a poco a su fin, pero no hay que bajar la guardia en lo que a alimentación se refiere. La nutricionista Elena de la Fuente, del Hospital Quirónsalud San José, da unas pautas a la hora de la comida, especialmente si nos enfrentamos a las tentaciones de un buffet libre, para que el periodo posvacacional no se convierta en una lucha sin cuartel contra la pesa y los excesos estivales. “Para las vacaciones, pero también para otros momentos del año, debemos marcarnos un objetivo realista que seamos capaces de cumplir. No alcanzarlo provoca frustración y eso nos lleva a pasarnos al extremo contrario y a dejarnos llevar por nuestros impulsos sin tener ningún control. Por eso hay que pensar bien qué hacer, pero, fundamentalmente, qué no hacer para conseguirlo”, recalca la especialista, quien asegura que mantener hábitos sanos en época estival es posible y muy recomendable. En su opinión, un buffet libre, tan habitual en los hoteles, no es sinónimo de “probarlo todo, llenar los platos hasta arriba, repetir hasta que no se puede más o pensar que hay que amortizar lo que se ha pagado”.

Pasos para comer de modo saludable en el buffet
Según recomienda, lo mejor es escoger, inicialmente, lo más saludable: “Si te sirves de primer plato una ensalada variada, gazpacho, verduras… dejaremos menos espacio para otros alimentos que no sean tan sanos. Si hacemos esto en la comida y en la cena, estaremos cumpliendo con la recomendación de consumir dos raciones de verduras diarias”.
Los platos de verduras han de  ser muy coloridos, pues además de ser más sabrosos y apetecibles, serán más completos nutricionalmente. “Un consejo a la hora de preparar las ensaladas es añadir todo tipo de verduras y hortalizas (brotes, lechuga, tomate, pimiento, zanahoria, remolacha, pepino, frutas…)”, comenta.
De segundo plato lo aconsejable es decantarse por proteína, acompañada de una guarnición de carbohidrato o verduras. “Hay que dar prioridad al pescado y a las proteínas de origen vegetal (legumbres); si veraneamos en un sitio de costa, la oferta de este tipo de alimentos será más variada: sepia, calamar, langostinos, mejillones, salmón, sardinas, dorada…”. En el caso de carnes, lo mejor es optar por las magras -pollo, pavo, conejo, lomo de cerdo, ternera magra- en preparaciones sencillas, con el complemento de verduras a la plancha o de un poco de pasta, arroz, patata cocida o asada.

Elena de la Fuente, nutricionista del Hospital Quirónsalud San José.

“Otra opción es añadir los hidratos a la ensalada y prepararla con patata, con pasta, arroz… aunque, eso sí, debe predominar siempre la verdura, es decir, ensalada con pasta o con patata y no al revés”, continúa Elena de la Fuente, quien añade: “Esto no significa que no puedas comer algún día un plato de paella. Si es así, seguiremos el mismo procedimiento: de primero, tu ración de verdura (ensalada, gazpacho…) y después, una ración de paella, no tres platos”.

Llega la hora del postre: ¿qué hago?
Lógicamente, la opción más saludable sería escoger fruta, pero la oferta de postres es muy tentadora para los amantes del dulce. “Intenta hacer pactos contigo mismo y procura no moverte en los extremos del todo o nada: o no como postre o me los como todos. Si te apetece un dulce, no pasa nada, cómelo, pero disfrutándolo, ingiriéndolo despacio, con conciencia plena y sin sentirte mal a posteriori”, apunta la nutricionista del Hospital Quirónsalud San José.
Con respecto a la bebida, opina que en general solo tenemos en cuenta lo que comemos y no somos conscientes de lo que bebemos, que puede suponer un extra de energía muy importante. “Por eso recomiendo escoger siempre agua como primera opción. También hay que evitar el consumo de zumos, aunque sean naturales, pues tienen una alta concentración de azúcar y no producen saciedad”.

¿Hambre o saciedad?
El momento de la comida hay que tomárselo con tiempo, sin prisas, con mucha tranquilidad. “Hay una relación directa entre comer rápido y comer  más cantidad. La sensación de saciedad no es inmediata, tarda en llegar unos treinta minutos del estómago al cerebro. Si ingerimos muy rápido, llegará cuando ya sea demasiado tarde y será incómoda. Así que procura comer despacio, masticar bien los alimentos y con atención plena, es decir, saboreando y disfrutando la comida, poniendo todos tus sentidos en ello”, abunda esta especialista, quien también pide que se preste atención a las señales de hambre y saciedad: “Cuando hayas terminado de comer lo que te has servido en el plato, lleva la atención a tu estómago y pregúntate si estás bien, si sigues teniendo hambre y si es hambre o ganas de comer. Si realmente tienes sensación de hambre, espera cinco minutos antes de volver a servirte comida, pues la sensación de saciedad tarda en llegar y es posible que, una vez pasado este ratito, te sientas bien”.

 

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