Verdades y mentiras sobre el aumento de pene

La mayoría de los pacientes que demandan un aumento del pene tiene un tamaño y una funcionalidad normales, aunque a ellos les parece que no, circunstancia que en psicopatología se denomina trastorno dismórfico corporal. En estos casos es muy cuestionable que requieran un tratamiento quirúrgico en lugar de uno psicológico. “Un error común es que estos varones hablan en general del tamaño de su pene en flacidez, cuando lo importante es conocerlo en erección. El tamaño normal de un pene flácido es de 7.6 – 13.0 cm de longitud y 8.5 – 10.5 cm de circunferencia. Con mucha frecuencia los penes de menor tamaño en flacidez alcanzan la misma dimensión en erección que los de mayor tamaño”, aclara el doctor Javier Cambronero, jefe de Servicio de Urología del Hospital Quirónsalud San José.
A su juicio, existe la falsa y demasiado extendida creencia de que “mayor es mejor” y de que esto aumentará la frecuencia y la calidad de las relaciones sexuales. “Así, a las consultas de urología nos llegan pacientes que no presentan una patología médica y sí insatisfacción con el aspecto de su miembro viril”, comenta. Por eso, continúa, es importante distinguir entre la cirugía que se practica en los casos de ‘micropene’, normalmente de origen congénito o secundario a amputación, en los que se requiere una cirugía reconstructiva por expertos en cirugía plástica y urología, y los casos que exigen una mejoría del aspecto de un pene de tamaño y forma casi normales.

Longitud visual
Según detalla el doctor Cambronero, “para aumentar la longitud visual del pene flácido contamos con varias técnicas, como la liposucción del pubis o la transposición de la bolsa escrotal. También podemos seccionar el ligamento suspensorio del pene, ganando 1-2 cm de longitud. En casos más severos es posible hacer colgajos cutáneos con más riesgo de deformidad. En general podemos aumentar el tamaño un 20% de su aspecto flácido; sin embargo, los resultados de aprobación no suelen ser altos, lo que traduce la complejidad del problema de estos pacientes. Los ‘extensores peneanos’, tras su uso durante un año, aumentan la longitud tanto en flacidez como en erección en casi 2 cm, con relativa buena satisfacción”.

Aumento del grosor
Por lo que respecta al grosor, para su aumento  se emplea habitualmente la inyección de grasa propia, con buen resultado, aunque pueden quedar nódulos o deformidades. Actualmente se desaconseja por completo la silicona. “No existe ninguna prótesis dada la complejidad de diseño para un órgano que cambia de tamaño frecuentemente. Para el aumento del glande el ácido hialurónico da buen resultado. El uso de colgajos dermograsos puede conseguir un aumento de 2-5 cm, aunque la tasa de complicaciones puede ser alta. En casos muy severos se puede aumentar el tamaño de los cuerpos cavernosos (corporoplastia) con venas propias o algún material sintético, añadiendo si es preciso una prótesis peneana inflable, aunque esto se suele reservar para reconstrucciones complejas”, profundiza el doctor Cambronero.
En resumen, con estas técnicas estéticas se consigue incrementar la longitud del pene 1-2 cm y el grosor 2,5 cm de media, lo que, en muchos casos, no supone una mejoría significativa de la calidad de vida o de la sexualidad. “No existen guías terapéuticas ni recomendaciones específicas por las sociedades científicas al respecto y hay que ser sumamente cuidadoso advirtiendo de las posibles complicaciones cosméticas o funcionales tras aplicar estos procedimientos. Es muy conveniente la apropiada valoración psicológica antes de decidir una cirugía”, concluye el jefe de Servicio de Urología del Hospital Quirónsalud San José.

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