Nueva guía para evitar que la alimentación sea un problema 

Se puede hablar más alto pero no más claro. Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) siguen siendo una amenaza importante para la salud física y psíquica de la población infanto-juvenil española ocupen o no las portadas de los medios de comunicación. Porque como aclara la doctora Marina Díaz Marsá, presidenta de la Sociedad de Psiquiatría de Madrid, directora de Sommos Desarrollo personal y asesora de TCA de la Unidad de Personalidad y Comportamiento (Orientación familiar y prevención) del Hospital Ruber Juan Bravo-Grupo Quirón Salud, “los TCA siguen siendo desconocidos para gran parte de la sociedad, y en algunos casos se minimiza su gravedad y su frecuencia. Muchas veces se ocultan o no reciben el tratamiento adecuado. Afectan a niñas, adolescentes y mujeres adultas tanto en relación a su salud física, como en relación a su salud psicológica y a su funcionamiento social”.
Por este motivo y con el objetivo de hacer visibles e identificables estas enfermedades que requieren de un diagnóstico y tratamiento precoces, “hemos elaborado una nueva guía titulada “¿Qué hacer para que la alimentación no sea un problema?” que tiene como objetivo dar a conocer los TCA así como los síntomas que presentan. Además, se pretende poner de manifiesto las importantes repercusiones físicas, psicológicas, sociales y laborales con el objeto de que los y las adolescentes comprendan la transcendencia de estos trastornos”, insiste la experta.
Y no solo. “En este sentido, a la hora de prevenir los TCA existen algunos aspectos claves a tener en cuenta en la adolescencia, entre ellos está la construcción de la identidad en la adolescencia y la presión social y de los medios de comunicación respecto a la imagen corporal. Por otro lado, se trata de un momento clave para trabajar la educación para la salud física y mental, desarrollando hábitos de vida saludables en relación a la nutrición y técnicas de afrontamiento del estrés”, recuerda.

Objetivos de la guía
Dirigida principalmente a los adolescentes madrileños, profesionales que trabajan con los mismos y a su entorno familiar sus objetivos son:

  • Facilitar información sobre los trastornos de la conducta alimentaria
  • Facilitar el conocimiento de los factores implicados en los TCA
  • Favorecer la identificación de grupos de riesgo y la realización de intervenciones específicas sobre ellos
  • Identificar los estereotipos culturales, adelgazamiento y belleza
  • Ayudar a reconocer los síntomas de los TCA por parte de los afectado y de sus allegados (familia, amigos, profesores, etc.) para favorecer el diagnóstico precoz y el acceso a un tratamiento adecuado
  • Proporcionar pautas para una correcta alimentación y fomentar los factores de protección
  • Reducir la gravedad de los TCA mediante un diagnóstico temprano de los mismos
  • Identificación, por parte de las pacientes y de sus familiares, de factores de riesgo y modificación de los mismos en la medida de lo posible
  • Desculpabilizar y dejar de responsabilizar a las enfermas que padezcan esta enfermedad.

La doctora Díaz Marsá hace especial hincapié en que la anorexia y la bulimia nerviosa “siguen siendo más frecuentes en la mujer que en el hombre, los cuales representan menos del 10% de los casos. La gravedad de estas enfermedades es variable, desde casos con buen pronóstico en los que los síntomas desaparecen por completo sin dejar secuelas, gracias al diagnóstico y tratamiento precoces, hasta casos graves resistentes que pueden suponer graves trastornos corporales y psicológicos para las pacientes. Es más, desgraciadamente, también pueden causar la muerte”.
Realmente, insiste, “lo cierto es que la comunidad científica debe hacer un mayor esfuerzo por trasladar a la población la realidad de estas enfermedades y hacerles llegar la dura realidad. No se trata de un problema de edad pasajero o banal, existe realmente y está destrozando las vidas de muchas chicas y chicos y de sus familias. Debemos ser más contundentes en nuestros mensajes. Igual que no dejamos que nuestros hijos viajen en coche sin cinturón o beban, no podemos permitir que se ‘juegue’ con la comida. El riesgo de perder la vida de forma prematura es muy similar, Incluso antes de ello y mucho antes de que las víctimas sepan realmente las consecuencias de lo que está pasando y en la trayectoria que han escogido sin saberlo, su cuerpo, su corazón, su sistema digestivo, su cerebro ya empieza a sufrir”.

Redacción
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