La astenia primaveral: qué es y cómo prevenirla

Cinco claves para evitar que la astenia primaveral sea una amenaza para el rendimiento profesional

La astenia primaveral, habitual de la historia literaria durante siglos, es una afección conocida como un tipo de “trastorno afectivo estacional” cuyos síntomas suelen incluir pérdida del apetito, aumento del ritmo cardíaco y de la circulación periférica, inquietud, rubor… etc.

¿En qué consiste la astenia primaveral?
Si bien existe poca investigación acerca de cómo afectan los cambios estacionales a nuestra conducta, se sabe que la luz solar mejora nuestros estados de ánimo (estimulando la segregación de serotonina) y que una temperatura de 22 grados centígrados es la que más los favorece. “Además, en primavera se reduce la producción de melatonina, la hormona del sueño, favoreciendo estados más altos de energía. Por otro lado, en la segunda mitad de la primavera, se aumenta la producción de la hormona luteinizante, responsable de la producción de testosterona y de la ovulación”, explica el neuropsicólogo Luis Díaz de Losada.  Por esto, en las próximas semanas todos nos veremos afectados por la llegada de la primavera, pero, ¿son todos estos cambios beneficiosos para nuestro rendimiento profesional? “Es evidente que todas las perturbaciones sufridas en esta época disminuyen nuestra tolerancia al conflicto y a la frustración, y a las tareas que requieren una alta concentración”.

5 claves para combatirla
Para combatir el desequilibrio y canalizar la energía, Luis Díaz de Losada ofrece una serie de consejos prácticos con los que superar la primavera, aprovechando bien el tiempo y aumentando nuestro rendimiento:

1. Mantener nuestros hábitos horarios, esto ayuda a nuestro ritmo circadiano a estabilizar el organismo.

2. Realizar ejercicio con regularidad y si es posible con exposición solar moderada. Incrementará la energía disponible, mejorará la calidad de nuestro sueño ante la menor producción de melatonina, y la exposición solar aumentará la síntesis de vitamina D y la producción de serotonina, con la que mejorará nuestro estado de ánimo.

3. Aumentar en nuestra dieta la ingesta de vitamina D y del complejo B, que refuerzan nuestro sistema inmune y nuestro sistema nervioso.

4. Tratar de evitar confrontaciones directas e improductivas tanto en el ámbito familiar como en el profesional, procurando adoptar una actitud más reflexiva. Para ello es útil recordar que no siempre está en nuestra mano resolver todas las situaciones que nos pre-ocupan, y que debemos evitar la dispersión ocupándonos, es decir, concentrando nuestros esfuerzos en las tareas que sí dependen de nuestro desempeño, que son las afectiva y profesionalmente más rentables.

5. Trabajar la gestión del tiempo. Para evitar la dispersión, nada como inaugurar hábitos de utilización de técnicas de priorización potentes. Realizada la pertinente clasificación de prioridades, dedique la primera hora de la mañana a avanzar en la tarea más tediosa de la lista.

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