Uno de cada dos pacientes con artrosis de rodilla sufre dolor neuropático

El 10% de la población española, más de 7 millones de personas, tiene artrosis, siendo la enfermedad articular más frecuente. Su incidencia aumenta con la edad y es la primera causa de discapacidad en ancianos. Una enfermedad cuyos síntomas principales son el dolor y la pérdida de movilidad, y su abordaje es especialmente complejo en la mitad de los pacientes con artrosis de rodilla, al ir acompañada de dolor neuropático.
La artrosis es consecuencia del desgaste del cartílago, que se reblandece, pierde resistencia y llega a desaparecer en algunas zonas, produciéndose un rozamiento de hueso contra hueso. Puede afectar a cualquier articulación “las afectadas con más frecuencia son las rodillas en un 30%, las manos en un 20%, las caderas y la columna vertebral”, según el Dr. Ángel Rubio, jefe del Servicio de Rehabilitación del Hospital Quirón de Valencia y coordinador científico de las Jornadas Nacionales de Actualización para Médicos Rehabilitadores. El Dr. Xoan Miguens, jefe de rehabilitación del E.O.X.I. de Ourense, Verín e o Barco de Valdeorras añade que “localizaciones muy específicas, como la artrosis de manos, tienen un componente familiar”.
Esta enfermedad tiene un proceso degenerativo, un proceso inflamatorio “y, como hemos comprobado en los últimos años, también un componente neuropático importante: uno de cada dos pacientes con artrosis de rodilla sufre este tipo de dolor, lo que dificulta enormemente su tratamiento”, según Miguens. El dolor neuropático, uno de los más complejos, está causado por una lesión o disfunción del sistema nervioso central y/o periférico y se caracteriza por ser continuo, quemante, punzante y definido como un escozor.

“El principal síntoma de la artrosis es el dolor en mayúsculas, de inicio insidioso, profundo y mal localizado, que aumenta con el movimiento y mejora con el reposo. Conforme avanza la enfermedad, el dolor se hace continuo y puede aparecer hasta en reposo. También puede aparecen rigidez articular, deformidades, limitación de la movilidad, dolor a la presión, chasquidos y crepitación de la articulación afectada”, explica el Dr. Rubio.

El tratamiento actual de la artrosis consiste en un medicamento para controlar el proceso inflamatorio. Si esto no es suficiente para aliviar el dolor, la terapia se complementa con un analgésico. Y, en pacientes con síntomas neuropáticos, según el Dr. Miguens, “es necesario añadir un medicamento que controle dichos síntomas, que son de difícil tratamiento pero que también tienen un enfoque específico”. Sin embargo, en todos los casos es esencial un cuidado articular precoz, con un tratamiento rehabilitador y ejercicio para mantener la fuerza y el rango de movilidad articular. En este sentido, el Dr. Rubio señala que “según la Organización Mundial de la Salud, uno de los escalones del tratamiento del dolor lo ocupa exclusivamente la terapia rehabilitadora”. Por ello, los componentes neuropáticos en la artrosis son uno de los ejes de las Jornadas Nacionales de Actualización para Médicos Rehabilitadores que han tenido lugar hoy y ayer con la asistencia de más de 200 especialistas. Patrocinadas por ESTEVE, están avaladas por la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física y acreditadas por la Comisión de Formación Continuada de las Profesiones Sanitarias de la Comunidad de Madrid – Sistema Nacional de Salud con 1,4 créditos de formación continuada.
En las Jornadas también se ha hablado de los nuevos tratamientos. “Actualmente se están ensayando tratamientos con fármacos modificadores del curso de la enfermedad, como la inmunoglobulina dual, que actúa directamente sobre la articulación dañada, donde se inyecta, evitando así su desgaste. Una de las características más prometedoras de este nuevo fármaco es que es efectivo deteniendo la progresión de la enfermedad”, según el Dr. Rubio.
También se han abordado las infiltraciones de plasma rico en plaquetas, a partir de la sangre del paciente y donde se aprovecha la alta capacidad de las plaquetas para regenerar tejidos en estadios iniciales de artrosis o pacientes donde el resto de opciones terapéuticas han fracasado. O las ondas de choque, una opción que consiste en generar y transmitir una onda mecánica a través de los tejidos a tratar, un procedimiento similar a la eliminación de cálculos renales y altamente eficaz en sus tres principales indicaciones: fascitis plantar, tendinitis aquílea y tendinitis calcárea de hombro con una cronicidad superior a 6 meses
Las Jornadas también han incluido talleres teóricos y prácticos impartidos por expertos y una novedad en su formato: la presentación de la web www.rhbmed.es, que quiere ser una fuente de información actualizada y formación continuada para los médicos especialistas en rehabilitación. Con la colaboración de profesionales de reconocido prestigio en su campo, la web ofrece distintas herramientas de utilidad clínica para la consulta del día a día y documentos actualizados que aportan una revisión del abordaje de los procesos más frecuentes y/o más complejos de la especialidad: monografías, fuentes bibliográficas, agenda de eventos científicos y enlaces a otras webs.

La menopausia es un factor de riesgo de artrosis
En la artrosis hay factores modificables, como por ejemplo el sobrepeso y la obesidad, los traumatismos o la actividad física intensa. Y también factores no modificables, como la edad, aumentando su incidencia a causa de la mayor esperanza de vida y del envejecimiento de la población, los antecedentes familiares y el sexo. En el caso concreto de la artrosis en los dedos de las manos, se ha detectado una anomalía genética específica que cuadruplica la patología en mujeres y, además, coincidiendo con la llegada de la menopausia, la población femenina también tiene un mayor riesgo que los hombres de desarrollar artrosis.
Según el estudio EPISER, a partir de los 55 años, la enfermedad afecta significativamente a la población femenina, siendo más severa y afectando a un mayor número de articulaciones, principalmente porque el descenso de estrógenos que se produce con la menopausia es un factor de riesgo para desarrollar artrosis de rodilla. “Con la llegada de la menopausia la mujer pierde protección ante procesos como el aumento de peso, las enfermedades cardiovasculares o la pérdida de densidad ósea y de dolores articulares y musculares”, según el Dr. Miguens.
El dolor, la deformación de las articulaciones afectadas y la pérdida de movilidad y de autonomía de los pacientes, con un enorme impacto sobre su calidad de vida, son las principales consecuencias de la artrosis, una enfermedad que aún no tiene cura. “Es la alteración articular más común. Supone el 9% de las consultas en Atención Primaria y el 10% de las actuaciones de hospitalaria, ya que el 15% de los pacientes son derivados a los especialistas. Y también es la principal causa de discapacidad en ancianos”.

Un capítulo de mejora: la disfagia orofaríngea
La disfagia orofaríngea es una enfermedad que causa dificultad en el proceso de deglución, de tragar saliva, alimentos o líquido, que afecta a entre el 6% y el 9% de la población y que puede causar desnutrición en un tercio de los pacientes o dar lugar a otras complicaciones graves, como infecciones pulmonares. Por ejemplo, el 51% de las muertes por ictus en los primeros treinta días se atribuye a neumonías por aspiración provocadas por disfagia.
Un adecuado abordaje es esencial. “Mediante la rehabilitación enseñamos normas posturales que facilitan la deglución, que el alimento o el líquido ingerido vaya por donde tiene que ir, y hacemos un seguimiento para ver que el paciente lo está haciendo bien y que está mejorando la coordinación de todos los mecanismos que intervienen en la deglución”, explica el Dr. Miguens. “Es algo que estamos haciendo todos, pero no hay unidades especializadas en todos los hospitales. Es un punto de especial interés y que está en la mente de todos los médicos rehabilitadores porque mejora radicalmente el pronóstico y evolución de los pacientes”.
La disfagia orofaríngea puede ser congénita debida a una parálisis cerebral infantil o a otras enfermedades o adquirida tras sufrir un ictus, un traumatismo craneoencefálico o una enfermedad neurodegenerativa como la esclerosis lateral amiotrófica (ELA). Según el Dr. Rubio, las causas más frecuentes son patologías del sistema nervioso central (ictus, demencias, Parkinson, neoplasias…), desórdenes neuromusculares (ELA, hipotiroidismo, hipertiroidismo, neuropatía periférica,…), lesiones estructurales locales (tumores, bocio, abscesos) e infecciones (como por ejemplo la faringoamigdalitis o la sífilis).
También se asocia a la edad: en ancianos es un problema frecuente, que se calcula que podría afectar a un 15% de los mayores de 65 años, ya que en ocasiones el envejecimiento modifica los mecanismos neuronales responsables de la deglución.

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