El pecho, la comida más completa

Ante la disyuntiva de pecho o biberón, los expertos no tienen dudas al respecto: la lactancia materna es mucho más que alimentar.

Todos los organismos dedicados a la infancia, desde la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria hasta UNICEF, recomiendan la lactancia materna durante al menos los seis primeros meses de vida y de forma exclusiva. Una recomendación temporal que especifica el tiempo mínimo, no el máximo, ya que se puede alargar mucho más. Si bien no hay un consenso al respecto, la recomendación más habitual es hasta los dos años, pero tampoco debe ser limitativa, ya que cada caso debe atenderse de forma individualizada. Lo que si es cierto es que a partir de los seis meses se recomienda la introducción paulatina de otros alimentos, aunque el principal siga siendo el pecho. Y es que la leche materna es un alimento muy completo. “Es la forma ideal de aportar a los niños pequeños los nutrientes que necesitan para un crecimiento y desarrollo saludables”, insisten también desde la Organización Mundial de la Salud.

Por qué
Aporta las grasas, carbohidratos, proteínas, vitaminas y minerales que el bebé precisa en los primeros meses y contiene esos nutrientes en la cantidad adecuada. Por otro lado, previene enfermedades. La leche es inocua y rica en agentes antibacterianos y antiinfecciosos, “entre ellos las inmunoglobulinas que tienen una gran importancia en el fortalecimiento del sistema inmunológico”, apuntan desde el Consejo Europeo de Información sobre la Alimentación (EUPIC). También aporta anticuerpos, factores antiinflamatorios y de crecimiento, enzimas y hormonas que protegen de infecciones frecuentes en los niños, como las respiratorias y las urinarias. Además, en caso de enfermedad, ayuda al bebé a reestablecerse pronto.
Otra característica importante de la leche es que favorece el desarrollo intelectual. “Los seis primeros meses de vida son un período de crecimiento rápido, especialmente para el cerebro, y como la leche materna contiene aminoácidos y ácidos grasos, resulta ideal para satisfacer dichas necesidades”, continúan desde la EUFIC. Por otro lado, el estímulo del amamantamiento favorece el desarrollo del sistema nervioso y psicomotor del niño.

Beneficios para toda la vida
Los adultos que de pequeños fueron amamantados suelen tener una tensión arterial más baja, menor índice de colesterol y menores tasas de sobrepeso. La leche materna también protege contra enfermedades que aparecen más tarde en la vida, como asma o diabetes, y reduce las probabilidades de desarrollar alergias.
Además, la acción de amamantar fortalece el vínculo materno filial, porque dar el pecho es un momento íntimo entre ambos, de contacto piel con piel, en el que el bebé acurrucado sobre el pecho de su madre recibe alimento, pero también calor y estimulación táctil, visual, olfativa y oral. Todo ello le aporta seguridad, bienestar, placer y consuelo, lo que favorece su desarrollo neurológico y emocional, mientras se fortalece el apego madre e hijo.

Beneficios para la mamá
La lactancia materna no sólo aporta beneficios para el bebé, la madre también se beneficia porque le ayuda a recuperarse del parto, pues el estímulo de succión activa la producción de oxitocina que, a su vez, actúa sobre el útero contrayéndolo y reduciéndolo a su tamaño original de forma más rápida. Dar el pecho también es la forma más natural de recuperar el peso tras el embarazo, ya que la grasa acumulada se consume para permitir la producción de leche.
Por otro lado, ayuda a prevenir enfermedades como la osteoporosis y la artritis reumatoide, y reduce el riesgo de padecer cáncer de mama, de útero y ovario. También reduce las posibilidades de sufrir depresión postparto, pues en el cerebro de la mujer se dispara la producción de oxitocina y de endorfinas, las hormonas del placer y el bienestar. Además, la amígdala segrega menos corticotropina, la hormona responsable de las respuestas del estrés, al tiempo que libera prolactina, la que aporta tranquilidad.

 


Mejores prácticas

A continuación detallamos las mejores prácticas para que la experiencia de dar de comer a tú bebé sea satisfactoria:

  • Desde el primer momento. La mayoría de los bebés están dispuestos a mamar durante la primera hora después del parto, cuando el instinto de succión es muy intenso. Amamantar precozmente facilita la correcta colocación al pecho, previene la aparición de complicaciones (griestas, mastitis, etc.), o la poca producción de leche.
  • A demanda. No hay que regular las tomas ni meterle prisa, el niño debe comer cada vez que lo pida, ya que buscará el pecho o llorará para conseguirlo. No debes preocuparte de si se siente el pecho lleno o no, la leche se produce principalmente durante la toma gracias a la succión del bebé y cuanto más mama, más leche produce la madre.
  • Sólo leche. Evita el uso de biberones ni complementos. Interferir en la lactancia materna sólo provocará que el niño pueda perder interés por mamar. También es recomendable evitar el uso de chupetes, al menos durante las primeras semanas, hasta que la lactancia esté bien establecida. Un recién nacido ha de aprender bien cómo mamar del pecho y las tetinas artificiales pueden dificultar dicho aprendizaje.
  • Evita ser estricta con el tiempo que debe permanecer en cada pecho o si debe mamar siempre de los dos. Permite que mame del primer pecho lo que desee, hasta que lo suelte. Así tomará la leche que se produce al final de la toma, rica en grasa y calorías, y se sentirá satisfecho. Después ofrécele el otro. Unas veces lo querrá, otras no.
  • Aunque amamantar no parezca un esfuerzo, cansa. El bebé toma el pecho entre ocho y doce veces al día, a lo que hay que sumar el cansancio acumulado del parto. De hecho, el cansancio es uno de los principales motivos por los que se acaba abandonando la lactancia. Para evitarlo debes descansar todo lo posible, apoyándote en el padre para que ayude en todo lo relativo a la crianza del bebé. Recuerda que puede hacer de todo, salvo dar el pecho.

 

Redacción
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