Piel del bebé: propiedades y cuidados

Suave, delicada, sensible, vulnerable… son adjetivos que definen la piel de un bebé. Su aspecto y propiedades difieren en gran medida de la piel de los adultos, ya que sus mecanismos de autoprotección están menos desarrollados. Esta especial característica conlleva sencillos cuidados que se deben tener en cuenta para mantenerla siempre sana.

A la vista está que la piel del bebé es más fina que la del adulto y, por lo tanto, menos resistente. Su piel tiene el mismo número de capas pero de menor espesor, por lo que absorbe y pierde humedad con mayor rapidez. Además, los agentes irritantes externos penetran en su piel con mayor facilidad, puesto que la barrera cutánea aún no se ha desarrollado totalmente. Además de esto hay que añadir que sus glándulas sudoríparas se ven reducidas en comparación con las de los adultos, por lo que no pueden compensar en caso de temperaturas elevadas.
El completo desarrollo de la piel del bebé es un proceso que dura varios años y se calcula que hasta los tres no ha alcanzado su pleno desarrollo. En este sentido, la Dra. Alicia Mirada Vives, coordinadora de la Unidad Neonatal del Hospital Universitario Mutua Tarrasa de Barcelona explica que la piel de los bebés “tiene menos capas que lo protegen y las células que la forman están más separadas. Esto hace que el agua se absorba y se pierda más, influyendo en su sistema de barrera y en su elasticidad”. Esto hace que resulte de suma importancia prestar especial atención a su cuidado para evitar o hacer frente a problemas frecuentes como pieles atópicas, intolerantes o reactivas, rojeces del cuito, grietas, zonas irritadas o costra láctea.

Baño y cosméticos
Los bebés nacen con una sustancia predominantemente grasa que se denomina vérnix caseosa y que tiene muchas funciones, entre otras, la de proteger al niño de la deshidratación e incluso de las infecciones del ambiente que lo rodea. En este sentido, parece que es conveniente mantener esta sustancia grasa en contacto con la piel del niño los primeros días después de nacer. Es por ello que los pediatras recomiendan no bañar al bebé por primera vez hasta transcurridos los dos o tres días, y durante los primeros meses hacerlo con una frecuencia de solo dos o tres veces a la semana. Sí es necesario el aseo diario de las zonas menos higiénicas, como los genitales o pliegues de la piel que se forman en muslos o cuello. Asimismo es recomendable limpiar cada día bien las manos del pequeño y realizar una correcta higiene de las secreciones orales o nasales, siempre que sea necesario.
“El aseo diario del bebé no está justificado, porque su excesiva frecuencia y duración puede favorecer la aparición de sequedad en la piel o dermatitis irritativa. En este sentido deberíamos seguir el ejemplo de otros países del norte de Europa, incluso en Italia, donde ya no se les baña tanto”, apunta la Dra. Alicia Mirada. Sobre los productos que se deben utilizar durante el baño y después de este, la Dra. Raquel Novo, jefa del servicio de Dermatología de HM Montepríncipe y HM Puerta del Sur, aconseja los productos no perfumados con pocos componentes, como son la gran mayoría de los cosméticos diseñados expresamente para ellos. Es conveniente utilizar geles sin jabón, y en caso de usar aceites, que no contengan derivados de petróleo”.

Pieles atópicas
La piel atópica se manifiesta por una sequedad extrema, prurito e irritación cutánea muchas veces intenso. En un 60 por ciento de los casos se manifiesta en el primer año de vida. No tiene una causa precisa conocida y está asociada a alteraciones fisiológicas (disfunción de la barrera cutánea) e inmunológicas. La Dra. Novo explica que estas pieles “se ven afectadas por el frío, calor, humedad, sequedad. Lo fundamental en la prevención es la utilización de cremas hidratantes a diario, y cuando aparece un brote, acudir al dermatólogo, que pautará el tratamiento en función de la intensidad del brote”. Por su parte, la Dra. Mirada aconseja “utilizar la loción después del baño cuando se ha secado al bebé (sin friccionar) y todavía queda humedad en la piel. En invierno se puede utilizar la loción día y noche, ya que la piel del bebé se ve sometida a diferencias de temperatura entre el frío seco del exterior y calor del interior”.

Rojeces del culito
La piel del culito del bebé es muy delicada y puede irritarse fácilmente, en especial durante el primer año de vida. El roce del pañal, el contacto con las heces y la orina, y también el período de dentición, las diarreas, una infección o algún medicamento puede desencadenar una dermatitis del pañal. A pesar de ser generalmente benigna, no debe descuidarse, porque suele ser molesta para el bebé y, si no se trata adecuadamente, puede dar lugar a lesiones más severas que requieran tratamiento médico. Para la Dra. Raquel Novo, “lo ideal es mantener la zona seca con cambios de pañal frecuentes y aplicación de cremas barrera en cada cambio. Si persiste más de dos días, es conveniente acudir al dermatólogo para descartar una colonización por hongos”. Para la doctora Alicia Mirada, lo más eficaz son las “cremas de pasta al agua con óxido de zinc, que se deben utilizar poniendo una capa gruesa de 2 o 3 milímetros para evitar el contacto de la piel con el pañal”. A pesar de que su uso ha sido tradicional, hoy en día, los especialistas en pediatría desaconsejan el uso de los polvos de talco porque, en caso de irritaciones con herida en la zona del pañal, el polvo puede penetrar y se puede incrementar la inflamación. Además, “el talco se vaporiza y los bebés no deben respirarlo debido a que sus bronquios son extremadamente sensibles”, añade la Dra. Alicia Mirada.

Zonas irritadas
Debido a la fragilidad de la piel del bebé pueden aparecer zonas rojas, secas y/o agrietadas en el contorno de la boca, en especial si utiliza chupete; en los pliegues del cuello, axilas, ingles, etc.; en el pulgar si lo mantiene mucho tiempo en la boca; detrás de las orejas; o en las manos, en especial cuando hace mucho frío.
Para la Dra. Raquel Novo, “lo fundamental en estos casos es evitar la humedad, utilizar cremas y pomadas para mantener la piel protegida y aislada, y por supuesto utilizar guantes, gorros, etc.”. Hay que tener en cuenta que algunas de estas cremas se acompañan de un sabor amargo, por lo que la Dra. Alicia Mirada aconseja evitarlas.

Costra láctea
Desde las primeras semanas de vida, los bebés pueden presentar pequeñas costras amarillentas, de aspecto graso, en el cuero cabelludo y/o en la parte superior de la cara. Se trata de la costra láctea que, a pesar de su nombre, no tiene ninguna relación con la leche: se debe a una secreción excesiva de grasa, que atrapa las células muertas en la superficie de la piel hasta que se forman costras. Este problema, que afecta a dos tercios de los bebés, se considera benigno. La Dra. Alicia Mirada considera que en la mayoría de los casos “no es necesario acudir al dermatólogo porque se cura sola, aunque sea muy lentamente, y a veces tarda incluso varios meses en desaparecer. El aceite junto con un cepillado suave cada día acelera el desprendimiento de costras y esto puede ser suficiente”. Sin embargo, la costra láctea constituye un medio propicio para la proliferación de bacterias u hongos, por lo que en algunos casos, y en función de la intensidad del eczema, la Dra. Novo aconseja acudir al dermatólogo, quien decidirá el tratamiento a seguir.

Escrito por: Marisa Sardina

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