Marcha en la ciudad

La fuerza mental y el afán de superación son dos de las cualidades que han llevado a la catalana María Vasco a conseguir el reconocimiento en una modalidad deportiva bastante desconocida en nuestro país pero que está al alcance de todos: la marcha. La medallista olímpica en Sydney descubre cuáles son las claves de este deporte, que beneficios aporta al cuerpo y a la mente y cómo empezar a practicarlo.



La marcha es una de las modalidades deportivas del atletismo, quizá una de las más duras, que exige una gran fuerza mental para afrontarla.
De eso sabe mucho María Vasco, que comenzó en la marcha con apenas diez años y sin haber practicado previamente ninguna otra especialidad. Todo fue porque “cerca de mí, en la misma calle, vivía Mª Cruz Díaz, que ganó un Campeonato de Europa. Comencé a entrenar con su padre, Manuel Díaz. Creo que nací para esto. De hecho, por las noches, nuestros padres se sentaban a tomar el fresco y hablaban, y yo me ponía a hacer marcha, sin que nadie me hubiese enseñado la técnica”.


EL DOMINIO DE LA TÉCNICA
Precisamente, la técnica es muy importante en este deporte por distintas razones. María apunta que “tenemos unos jueces que nos están vigilando constantemente y tienes que tener una técnica bastante buena para que no seas descalificada de las competiciones, y por ello en los entrenamientos no hay que descuidar nunca la técnica”. Para ello, hay atletas que dedican gran parte de su tiempo de entrenamiento a la mejora de este apartado.

La técnica es para algunos marchadores el apartado más complejo de esta disciplina deportiva. De hecho, ésta es una de las cosas que los diferencia de los corredores, pues hay que marchar durante 20 kilómetros sin descuidarla un solo momento. María Vasco dice haber tenido mucha suerte porque “llevo haciendo marcha 18 años y nunca he sido descalificada. A nivel mundial estoy considerada una de las mejores marchadoras técnicamente, pero no por eso descuido este aspecto en mi preparación”.
En el fondo, no deja de ser algo que sigue entrenando siempre, aunque hay que tener en  cuenta que cada atleta tiene una forma distinta de marchar (incluso es algo que se aprecia por países, pues no marchan igual los mexicanos que los españoles) y unas aptitudes determinadas para ello.



UN DEPORTE PARA TODOS
Caminar es sin duda una de las actividades físicas más beneficiosas para el cuerpo y para la mente, permitiendo relajar el organismo y liberar tensiones y estrés. La marcha es un deporte que se puede practicar a cualquier edad y que está muy extendido en países como Estados Unidos. “Allí la gente más que andar hace marcha”, apunta María Vasco.

La técnica no es difícil de aprender aunque al principio pueda dar esa impresión. Además, con hacer 20 ó 30 minutos al día dos o tres veces por semana se consigue tonificar los músculos y estar en forma. La gran diferencia con la carrera continua es que el cuerpo lo aguanta mejor puesto que no ahoga tanto y la sensación de cansancio es menor. Además de las piernas y los brazos, María Vasco apunta otro de los grandes beneficios de la marcha a nivel amateur: “los glúteos son uno de los grandes beneficiados en la práctica de este deporte porque, además de tonificarlos, los endurece”.



CUESTIÓN DE CABEZA
La dureza de la marcha se hace evidente cuando ésta se practica a nivel profesional. Aunque María reconoce que está en esto porque realmente le gusta, disfruta con ello y “nadie me ha obligado ni me ha puesto un cuchillo en el cuello para que la practique”.
Uno de las principales motivos porque los que la fortaleza mental es fundamental es que “el tema de controlar mucho la técnica es algo que te va desgastando psicológicamente.



Ya ni siquiera estás pensando en el sufrimiento sino en ver cómo llevas la pierna y también lo que tiene la marcha es que siempre se tarda más que en una carrera. Entonces, el entrenamiento es más largo y más duro psicológicamente”.
Otro de los factores que influyen en la dureza de la marcha es el hecho de que es un deporte que, a nivel profesional, es muy individual: “aunque salga a entrenar con mi pareja, que es marchador, yo entreno en Barcelona en solitario en carreteras que no haya mucho tráfico. También me busco zonas agrícolas y urbanizaciones donde me hago un circuito, sobre todo para evitar el peligro que conlleva entrenar en carreteras”.

A pesar de esto, la marcha es un deporte que le ha reportado muchas cosas buenas y reconoce que maduró “muy joven porque empecé a viajar pronto, con apenas 13 años y, además, he tenido la posibilidad de conocer otras ciudades y viajar y, si no fuera por mi profesión, no habría podido hacerlo”. En cuanto a su retirada la marchadora tiene claro que quiere llegar a los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 al máximo de sus posibilidades y, a partir de ahí, empezará su cuenta atrás. Mientras tanto, se sigue preparando.

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