Pompas de jabón: las pastillas regresan a tu bañera

De colores, aromas y propiedades interminables, las pastillas de jabón toman el pulso a los geles y se sitúan con fuerza en los cuartos de baño para limpiar en profundidad no sólo la tez sino también el resto del cuerpo. Además, exfolian, nutren, revitalizan y ayudan a mejorar la circulación… toda una maravilla presentada en infinitos formatos, a cual más original.


El origen de la palabra jabón (sapone, en italiano) procede, según la leyenda, del nombre del monte Sapo, situado en Roma. Hace siglos, y según los rituales, era habitual practicar sacrificios de animales en lo alto de la montaña. A su vez, las mujeres de entonces acudían a la falda de la colina, regada por las aguas del río Tíber, para lavar allí sus prendas. El río trasladaba hasta esa zona una sustancia formada por cenizas y grasas de animales que asociaron con la espuma y con los beneficios de la misma para facilitar la limpieza de la colada.

Más tarde, en el año 312 a.C., surgieron los baños romanos pero, por aquel entonces, el jabón aún no estaba asociado a la higiene corporal. Fue entre el año 130 y 200 d.C. cuando el médico Galeno de Pérgamo reconoció las propiedades limpiadoras de este producto. Hasta entonces los romanos emplearon diferentes elementos de la naturaleza como las hierbas o los aceites para su aseo personal y siglos después, ya en el año 1791, comenzó a fomentarse el uso del jabón gracias a los avances de los científicos franceses Nicholas Leblanc y Louis Pasteur.

El primero descubrió el álcali, elemento esencial para la fabricación de jabón, extraído de una fórmula a partir de la sal; mientras que Pasteur, que aportó múltiples descubrimientos al mundo de la ciencia, orientó su actividad al estudio de las bacterias y las enfermedades contagiosas, vinculadas todas ellas con la higiene personal. Pendientes de estos descubrimientos, los americanos lanzaron en 1888 una crema bactericida que dio origen a la conocida marca de desodorantes, aún en el mercado, de nombre Mum.

Así, el jabón es un producto que data de siglos atrás pero que con el paso del tiempo, y gracias a los progresos de la industria química y cosmética, ha ido evolucionando. A día de hoy existen una enorme variedad de ellos, creados con multitud de materias primas ricas y diferentes.
Este gran abanico de jabones que existen en el mercado anima a las grandes firmas cosméticas a incorporar más novedades y mejores jabones para el cuidado y gozo de la piel.

Y también, gracias a esta oferta de aromas y colores, y a la mejora de la técnica, cada vez son más los que se decantan por las pastillas de jabón como producto de higiene diario y, lo más destacado, como producto para el cuidado del cuerpo y no sólo del rostro. Hay que recordar que hace unos años, la demanda de jabón en barrita era menor, pues las fórmulas no eran tan precisas y los productos tampoco eran tan suculentos como los de ahora.

A pesar de las diferentes formas, aromas, colores y texturas que presentan las pastillas actuales, todas se crean a raíz de una misma base. El jabón nace de la combinación de un componente alcalino, como es la potasa y la sosa, con grasas animales o vegetales y con otra serie de ingredientes adicionales para perfumar el producto o para que éste tenga propiedades específicas como, por ejemplo, una acción exfoliante.

Entre la variedad, cabe destacar la diferencia entre los jabones elaborados con grasas animales de los preparados con vegetales. Los primeros, que se elaboran con sebo, manteca o saín, suelen tener una elaboración menos costosa y una manipulación más sencilla y, por lo general, son más sólidos y duraderos. Mientras que de los vegetales, en los que se emplea el aceite de coco, de palma, de oliva o la manteca de cacao, se dice que aportan
una espuma más rica y suave.

La innovación en el mundo de la belleza no tiene límites y gracias a ello se puede disfrutar en la actualidad de jabones relajantes, estimulantes, de efecto exfoliante, aromáticos contra el estrés e incluso con plantas que favorecen la conciliación del sueño.
Pero además de las propiedades de cada producto, hay otras claves que también juegan un papel importante. La presentación del jabón es uno de estos factores que, por supuesto, las marcas no han podido pasar por alto. Las ediciones especiales envasadas en latas y coquetas cajitas están a la orden del día, y hasta las firmas de moda que disponen de una pequeña gama de belleza también añaden las pastillas a su selecto repertorio.

Así, algunas marcas  disponen de fragancias y de algunos otros productos cosméticos, tienen bajo su firma excelentes piezas de hidratación y limpieza que, además de hacer las delicias de sus usuarios con su aroma y suavidad, llegan en un envase elaborado y de gran diseño, perfecto para regalar.
Otras marcas, con una filosofía más natural y ecológica, presentan algunos de sus jabones sin envasar y sirven en una bolsita de papel pequeñas estrellas, lunas y corazones de excelente olor y de un tacto ultrasuave.

Además de hidratar en profundidad y limpiar la piel de impurezas y suciedad, también existen jabones que ayudan a relajar los músculos o a erradicar problemas cutáneos como la soriasis, pero la principal demanda ante tanta variedad son, sin duda, las pastillas exfoliantes y las hidratantes.
Estas dos clases son, por así decirlo, las líderes de toda la gama de jabones, pues son las que cumplen las exigencias de una mayoría y las más demandadas.

Por suerte, el empleo de geles, lociones y otros productos destinados al cuidado personal y a la higiene no están reñidos en la actualidad con el tradicional uso de pastillas de jabón. Una costumbre que se remonta muchos siglos atrás y que se perdió hace un tiempo, tal vez por comodidad o por una reducida oferta del mercado, pero que hoy por hoy está regresando a los hogares. Ésto, supone todo un acierto, pues así podremos disfrutar cada día de sublimes piezas de suavidad, que traen a nuestra piel y a nuestro baño pompas de jabón impregnadas de aromas de la naturaleza.

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