El milagro de la vitamina A

La vitamina A es necesaria para el normal crecimiento, la visión, el desarrollo óseo y la reproducción, así como para el mantenimiento de la integridad epitelial. Además, mejora la textura de la piel proporcionándole un aspecto joven y cuidado.

La integridad funcional y estructural de las células epiteliales (las que revisten órganos y tejidos) depende de un aporte adecuado de vitamina A. La piel es la primera barrera defensiva del organismo, debido tanto a su pH ácido como a su relativa impermeabilidad, y está constituida, en esencia, por epidermis y dermis. Pues bien, el ácido retinoico, derivado de la vitamina A que se utiliza en cosmética, tiene un efecto directo sobre ella, ya que ayuda a la regeneración de las células basales y estimula la producción de elastina y colágeno en la dermis, potenciando su elasticidad y firmeza.

Por tanto, es fundamental acertar a la hora de elegir bien una crema antes de adquirirla, ya que algunas son más eficaces que otras. Esto se explica en el tamaño de las partículas del retinol que, al ser muy grandes, no pueden ser absorbidas, como tales, por la piel. Para que el retinol, contenido que poseen la mayoría de las cremas antiedad, tenga efecto ha de ser convertido por nuestra piel en ácido retinoico.

Y, además, ha de estar en cantidad suficiente para que esto suceda, aunque no tan alta como para irritar la piel. El retinilpalmitato parece ser una alternativa seria, puesto que es menos irritante y puede ser transformado de forma fiable en ácido retinoico. Si, además, éste se aplica en liposomas, partículas mejor absorbidas por la piel, se incrementa notablemente su función.



Fuentes de la vitamina A


La vitamina A se encuentra principalmente en los alimentos. Un consumo adecuado de frutas, hortalizas, leche, huevos e hígado garantiza los requerimientos de esta vitamina. Se absorbe con la grasa y se deposita en el hígado por un tiempo prolongado, de manera que puede liberarse de forma constante en periodos de menor ingesta o más estrés.

Tan perniciosa es la deficiencia como el exceso de esta vitamina. El déficit de vitamina A produce nictalopía (ceguera nocturna), sequedad de ojos y afecciones diversas de las mucosas. En exceso tiene efectos tóxicos, produciendo desde anorexia o pérdida de peso, náuseas y vómitos, hasta alteraciones óseas, inflamaciones o hemorragias.

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