El índice glicémico

Las funciones de los hidratos de carbono


El organismo recibe la energía que necesita para el mantenimiento de las funciones vitales a través de la oxidación de carbohidratos, grasas y proteínas. En condiciones normales, la distribución alimenticia es del 50% de hidratos de carbono, 35% o menos de grasas y el resto para proteínas. Pero no todos los hidratos de carbono son iguales.

Según su índice glicémico, proporcionan energía de forma distinta y se convierten, en mayor o menor medida, en cantidad de grasa. Se define como índice glicémico a la capacidad que cada hidrato de carbono tiene para estimular la secreción de una determinada cantidad de insulina.

Así, un alto índice glicémico favorece la secreción de grandes cantidades de insulina, lo que puede conducir a una falta de aporte de glucosa al cerebro, la aparición de un apetito exagerado por los dulces y un exceso de transformación grasa de los carbohidratos.

Un bajo índice, por su parte, estimula menos la secreción de insulina y permite a ésta regular la glucemia y mantener un equilibrio más estable.

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