Agua, elixir de vida

Se consume a diario y es esencial para la vida, pero apenas se conoce qué tipos de agua hay, cuándo y cuánto se debe ingerir y qué beneficios aporta al organismo. Mostramos las diferencias entre las aguas, cómo afectan en la belleza y la importancia de la hidratación.

Beber agua es esencial para la vida y es muy importante tener un buen hábito durante el embarazo y la lactancia. Hay que tener en cuenta que la leche materna con la que se alimenta al bebé contiene un 85-90% de agua. Por este motivo, es necesario y habitual que la madre en periodo de lactancia ingiera un volumen de líquido suficiente para asegurar la producción de leche diaria necesaria para su bebé. De este modo, se asegurará un buen estado de hidratación.

El agua es un elemento básico indispensable para la vida, que se puede aportar al organismo en forma de líquido o formando parte de los alimentos. Los expertos recomiendan beber una media de entre dos y tres litros de agua al día aunque las necesidades de cada individuo varían dependiendo de factores exteriores como el clima, la actividad física que se realice, los hábitos alimentarios, etc.

LOS DIFERENTES TIPOS DE AGUAS
Además de las aguas de grifo, a la hora de elegir que agua beber las opciones que se encuentran en el mercado son múltiples, desde las aguas de manantial hasta las de mesa y las mineromedicinales. Por su parte, las aguas de grifo han de cumplir unas exigencias mínimas para que se puedan consumir.
En nuestro país su uso no supone ningún peligro. Las aguas conocidas como de manantial son aguas no tratadas, es decir, que son potables por naturaleza. Esta agua se embotella sin tratar, según brota del suelo, y está controlada por el Ministerio de Sanidad y no tiene ninguna acción terapéutica específica.
Las aguas conocidas como mineromedicinales son aquellas de origen natural y de gran pureza microbiológica que, gracias a su alto contenido en sales minerales, se les atribuyen propiedades terapéuticas. Se pueden clasificar en bicarbonatadas, cloruradas, sulfuradas, sulfatadas, ferruginosas, radiactivas y oligometálicas según su composición y deben garantizar una composición iónica constante. Sus propiedades beneficiosas para la salud han sido oficialmente reconocidas por la OMS.
Estas propiedades hacen que su consumo diario pueda estar limitado en ciertos casos. Las aguas de mesa, por su parte, son aguas embotelladas que reciben el mismo tratamiento que el agua del grifo y que puede ser gaseosas, naturales, insípidas o gasificadas de manera artificial.

EL AGUA CON GAS
El agua con gas se caracteriza por contener una importante dosis de anhídrido carbónico desde que brota de la tierra.
Los organismos de control sanitario admiten que en el proceso de embotellado se refuercen con gas del mismo manantial o con CO2 pero debe indicarse de manera explícita en la botella. En España no es habitual el consumo de este tipo de agua aunque en otros países como Alemania y Austria alcanzan casi el 100%.
Entre sus beneficios está que el carbónico excita la mucosa gástrica y estimula la secreción de jugos y permite que se realice una mejor digestión aunque no está recomendada para aquellas personas que sufren aerofagia. Un estudio realizado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) indica que las mujeres postmenopáusicas sometidas al experimento de tomar agua con gas registraron un descenso del colesterol total y LDL o mal colesterol y un aumento de HDL o colesterol bueno. Un mito del agua con gas es que aporta calorías y engorda pero esto no es así, no aporta ninguna caloría, y no se parece aunque se pueda confundir con la tónica o la gaseosa edulcorada.

Aguas de mineralización débil, buenas para el riñón
El grado de mineralización está asociado al terreno en el que fluye el agua. De este modo, las aguas de mineralización débil proceden de manantiales situados en rocas de tipo ácido como el granito y contienen pocos minerales disueltos. Son buenas para el riñón, puesto que se eliminan de manera total en tan sólo dos o tres horas, lo que consigue eliminar la concentración de orina y con ella los productos de deshecho, evitando la acumulación de ciertas sustancias responsables de la creación de cálculos.

LA IMPORTANCIA DE HIDRATARSE
El agua es protagonista de funciones tan importantes como transportar nutrientes, eliminar toxinas y regular la temperatura, de tal modo que si nos privamos de ella todos estos factores se pueden ver alterados.
Cuando se reduce el consumo de agua la digestión se hace lenta debido a que los alimentos necesitan deshacerse en una solución formada por agua y jugos gástricos. Además la orina se concentra en exceso y pueden aparecer ciertos problemas renales, pues comienzan a acumularse sales.
El estreñimiento también puede ser un problema derivado de la falta de consumo de agua. Ésta ayuda a que las fibras residuales de los alimentos se disuelvan y es necesaria para expulsar las heces del cuerpo. Otro factor al que afecta es la circulación de la sangre pues sin agua ésta es menor.

EL AGUA Y LA BELLEZA
Las enfermedades, una mala alimentación, el estrés, el paso del tiempo y los cambios de temperatura son causantes, entre otros factores, de la deshidratación de la piel. Cuando el nivel de agua de la capa córnea se sitúa por debajo del 10% la piel sufre deshidratación; por ello es esencial dedicarle cuidados y un aporte de agua diario. Los cambios bruscos de temperatura y la variación de humedad son los mayores responsables de la sequedad de la piel y resulta esencial hidratarla para que luzca sana y prevenir la aparición de arrugas.
Por otra parte, el agua también es fundamental en el proceso de pérdida de peso pues suprime el apetito de forma natural y ayuda al cuerpo a metabolizar las grasas acumuladas. Si no hay suficiente agua los riñones no trabajan adecuadamente y parte de su carga se traspasa al hígado, el cual tiene que metabolizar la grasa acumulada y convertirla en energía útil. Si el hígado se carga en exceso no podrá trabajar plenamente, de manera que metabolizará menos grasa y ésta se acumulará.

 

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